Foto: Archivo El Comercio

Cuidar de un paciente con Enfermedad de Alzheimer es una experiencia inolvidable. Ver al anciano envuelto en la nube de la demencia, hace que tanto los profesionales de la salud como los familiares se miren en el espejo del tiempo y observen con el rabillo del ojo el fantasma de lo que les podría esperar en el futuro.

El paciente con Alzheimer tiene tres tipos de desorientación: en persona, no sabe quién es ni reconoce a la familia cercana; en tiempo, no sabe en que día, mes o año está viviendo; y en espacio, no sabe en qué lugar del mundo se encuentra.Además de esa desorientación, el paciente tiene perdida de la memoria reciente, vive en una permanente falta de realidad y tiene severas alteraciones en el juicio que necesitan de constante supervisión. Al final, el paciente con Enfermedad de Alzheimer es como un bebe recién nacido, completamente dependiente de quién lo cuide.

Si bien es cierto se sabe el mecanismo por el cual se produce esta enfermedad (depósito de proteínas que destruyen las células cerebrales), hasta ahora no se sabe qué la causa, por lo que es imposible prevenirla. Si a esta falta de prevención le agregamos la ausencia de tratamientos efectivos, tenemos que resignarnos a que -si estamos predispuestos- la enfermedad nos ocurra sin remedio y una vez empezada, su tratamiento se vea limitado solamente al tratamiento de los síntomas.

Es por eso que un artículo publicado esta semana en la Revista de la Asociación Médica de Norteamérica es tan importante: hacer ejercicios diarios ha demostrado que puede mejorar la condición mental de un grupo de ancianos con alto riesgo de sufrir de demencia.

El estudio consistió en sortear a un grupo de ancianos con alto riesgo para tener demencia (ya tenían marcados problemas de memoria) en dos grupos: uno que solo recibía tratamiento normal por su doctor y el otro que además del cuidado medico usual, entró en un programa de ejercicios durante 6 meses.

El seguimiento de los participantes durante 18 meses demostró que los ancianos que recibieron el programa de ejercicio tuvieron una leve mejoría de los síntomas de falta de memoria comparados con los ancianos que no recibieron el programa de ejercicios.

Lo importante de este estudio es su diseño, es un estudio llamado prospectivo (o sea que ha seguido a los sujetos de estudio a través del tiempo) y aleatorio (los pacientes fueron sorteados al azar en los dos grupos de estudio). Este tipo de estudio es aceptado por la ciencia como aquel que permite conclusiones científicas mas sólidas.

Se piensa que la activación de la circulación que produce el ejercicio tendría algo que ver en el beneficio en mejorar los síntomas de perdida de memoria.

Sabiendo que el mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer empieza a los 75 años y que el número de personas ancianas está aumentando rápidamente en el mundo, los autores recomiendan que los programas de ejercicio deban empezar desde mucho antes de los 50 años y que el inicio y el mantenimiento de un estilo de vida saludable deben ser parte integral de la vida. No olvidemos también que el ejercicio diario puede reducir la incidencia de diabetes tipo 2 hasta en un 60% y que el ejercicio puede también prevenir los micro derrames cerebrales, que son otra causa importante de demencia.

El consejo es hacer por lo menos 30 minutos de actividad física programada todos los días.