No hay mejor estímulo pedagógico que la salud o la enfermedad de la gente famosa. Por ejemplo, la reciente operación de la presidenta argentina Cristina Fernández ha hecho que mucha gente se entere de lo que es la glándula tiroides, para qué sirve y en qué parte del cuerpo queda. Pero el asunto que nos ocupa hoy es tratar de explicar cómo es posible que un paciente entre a operarse pensando que tiene cáncer y resulta que, después de la operación, los doctores le dan la noticia de que no lo tiene…

Foto de una biopsia por aspiración con aguja fina de la glándula tiroides.

Como cualquier asunto referente a la salud de una figura política, el informe de los resultados de la operación de la mandataria rioplatense ha despertado muchas pasiones y especulaciones en Argentina. Resulta que la presidenta Fernández no tiene el cáncer que se pensaba tenia antes de operarse.

Dejemos a los analistas políticos encargarse de dilucidar lo real de lo imaginario en las pasiones populares. Nuestra intención con este post es contarle algo que de repente le puede suceder a usted o a algún familiar.

“No existe nada perfecto en la vida, Elmercito”, me decía mi abuelita… y eso es cierto también en medicina. No existe ninguna prueba o análisis que sea cien por ciento perfecta. Todos tienen su margen de error, los cuales han sido bautizados en medicina como falsos positivos y falsos negativos.

Un falso positivo es aquella situación en la que un análisis es informado como positivo, indicando que el paciente podría tener una cierta enfermedad, cuando en realidad no la tiene.

Por su parte, un falso negativo es aquella situación en la que un análisis es informado como negativo, indicando por tanto que el paciente no tendría la enfermedad, cuando en realidad sí la tiene.

Todas las pruebas o exámenes auxiliares en medicina sufren del problema de tener falsos positivos y falsos negativos. No existe la prueba perfecta.

Por ejemplo, las mamografías, exámenes realmente útiles para detectar el cáncer de las mamas (y la prueba disponible más certera), tienen un increíble 10% a 15% de falsos positivos y un porcentaje variable de falsos negativos.

En otras palabras, 10% a 15% de las mamografías hacen asustar a médicos y pacientes diciéndoles que podría haber un cáncer de mama cuando en realidad no lo hay. Ante esa sospecha, los médicos tienen que hacer una pequeña operación (biopsia) para descartar la posibilidad de la enfermedad.

El caso contrario es más peligroso y también sucede en una proporción más difícil de cuantificar (aproximadamente 5% a 10 % de los casos). Aquí, la mamografía es informada como normal, el médico y la paciente se alegran, pero poco tiempo después la paciente se aparece con un cáncer que la mamografía no identificó, es decir fue un falso negativo.

Para resumir, los falsos positivos asustan y originan pruebas y operaciones innecesarias, mientras que los falsos negativos engañan y son más peligrosos.

Lo mismo pasa con muchas otras pruebas y exámenes en medicina. Análisis de sangre, de orina, de próstata, radiografías, tomografías axiales computarizadas, resonancias magnéticas nucleares, biopsias; todas ellas tienen falsos positivos y falsos negativos.

Obviamente, existen pruebas que tienen índices de falsa positividad y falsa negatividad mínimos, por lo que son pruebas más confiables; pero como dijimos antes, no existe prueba perfecta.

Un poco de imaginación…

Tratemos de reconstruir ahora qué es lo que pudo haber pasado con el caso de la presidenta Fernández. Ante la ausencia de datos e información oficial, es importante tener en cuenta que todo esto es imaginario, pero médicamente posible

Es posible que el bultito en la tiroides (que los médicos llamamos nódulo) haya sido encontrado por la misma presidenta Cristina al tocarse el cuello o por su médico en el examen. Es posible también que sin necesidad de que se le haya encontrado un nódulo palpable, a ella le hayan hecho una sonografía o ecografía del cuello para examinarle la glándula tiroides y que sea esta ecografía la que encontró el nódulo.

El hecho es que, una vez identificado ese nódulo, le dijeron que existía la posibilidad de que ese bultito podía ser un nódulo maligno o canceroso. Para descartar esa posibilidad de cáncer, tenían entonces que hacerle una biopsia o estudio del nódulo.

Aquí es donde hay una particularidad en el estudio de los nódulos tiroideos: la biopsia se hace usando una jeringa que tiene una agujita muy delgadita con la cual se hinca el nódulo y se aspira material para el estudio citológico. Este examen se llama biopsia por aspiración con aguja fina (BAAF) (ver foto).

La muestra fue leída por un especialista médico patólogo llamado citólogo, porque su trabajo es más especializado en ver células que tejidos.

Al ver el material que le envían, el citólogo tiene cuatro posibilidades:

1. Ve células de cáncer y dice, “aquí hay cáncer, las células que veo son claramente malignas”.
2. Ve células benignas y dice, “aquí de ninguna manera hay cáncer, esto no tiene nada de malo”.
3. Ve células un poco raras y dice, “no estoy seguro de lo que veo, no puedo concluir nada”.
4. No puede ver nada y dice, “aquí hay pura sangre, esta es una mala muestra, repitan el procedimiento”.

En el caso de la presidenta Fernández, indudablemente el citólogo dijo que había cáncer y que este era del tipo papilar, el más común y el más curable.

Ante esta situación, a la paciente le dijeron que no había otra alternativa que operar para extraer la glándula y hacer un análisis más profundo.

Pues bueno, hace 3 días la operaron, le sacaron toda la glándula tiroides y el resultado del examen patológico ha caído como una bomba porque indica que la presidenta no tiene el cáncer que se pensaba.

¿Qué ha pasado?

Pues al parecer el resultado de la biopsia por aspiración con aguja fina (BAAF) de la presidenta Cristina Fernández fue un falso positivo, una situación que, de acuerdo a las estadísticas mundiales, ocurre en menos del UNO por ciento de los casos. En otras palabras, el citólogo dijo que veía células cancerosas, cuando en realidad la glándula no las tenía.

Es por eso muy importante que los médicos les informen bien a los pacientes acerca de las ventajas y limitaciones de las diferentes pruebas que les ordenan, no vaya a ser que propios y extraños se den con la sorpresa de recibir un resultado que no esperan.

Ahora la presidenta Fernández tendrá que vivir el resto de su vida sin su glándula tiroides, hecho que felizmente se podrá corregir fácilmente con la toma diaria (y para siempre) de una pastilla de hormona tiroidea. Ella tendrá una vida relativamente normal, pero será para siempre víctima de un examen falso positivo.

ADDENDUM. Lo que no queda claro en todo este proceso de la presidenta Fernández es si los cirujanos hicieron o no lo que se llama estudio por congelación durante la operación de la tiroides. Esto de congelación significa que en plena operación se mandan trozos de tejido congelado a patología para una rápida lectura. Esta rápida lectura permite que los cirujanos sigan con el plan agresivo de extraer toda la tiroides o solo sacar la mitad de la glándula. Como repetimos, no se ha dicho nada ni de la ocurrencia ni de los resultados de ese importante estudio.