En los últimos años, el progreso en la detección del cáncer se ha estancado. En la actualidad, existen métodos científicamente demostrados para la detección precoz de solo tres tipos de cáncer: el Papanicolaou para el cáncer del cuello del útero, la mamografía para el cáncer del seno y el examen de sangre oculta en las heces y la colonoscopía para el cáncer del colon.

Y tome nota, estimado lector, que decimos científicamente demostrados, porque es importante entender que para que un examen de tamizaje o despistaje sea realmente efectivo tiene que cumplir un requisito fundamental: tiene que alargar la vida a la persona a quien se le encuentra el cáncer con la prueba en cuestión.

La utilidad de la detección del cáncer de la próstata con la medición del antígeno prostático específico (PSA) y el tacto rectal, por ejemplo, está en plena controversia. Varios estudios han demostrado que los hombres (especialmente los mayores de 65 años) a quienes se les encuentra el cáncer con esos exámenes no viven más que aquellos a quienes no se les hizo el chequeo.

Para todo el resto de tipos de cáncer no existen métodos de detección precoz y, lamentablemente, se encuentran ya tarde, cuando están avanzados.

Infografía Nuevo diagnóstico del cáncer

Es, sin embargo, muy importante interpretar adecuadamente la primera frase de este artículo porque no debe confundirse el progreso en el desarrollo de nuevos métodos de detección con el uso de los ya existentes. En otras palabras (y ese es el problema en el Perú), por diversas razones el público no usa los tres útiles métodos de detección precoz anteriormente mencionados, por lo que las muertes por cáncer del cuello del útero, de mamas y del colon (que aumenta en el país) no son solo numerosas, sino también innecesarias. Recientes investigaciones, sin embargo, nos permiten dar un atisbo en el futuro de la detección precoz del cáncer: buscar el cáncer directamente en la sangre, en lo que se ha venido a llamar una biopsia líquida.

Y si usted se sorprende de que las células cancerosas puedan circular en la sangre, le cuento que eso ocurre en el 85% de los tipos de cáncer, con la excepción del cáncer del cerebro y que incluso la FDA ya ha aprobado desde el 2008 un examen que las detecta en la sangre.

UNA BÚSQUEDA MINUCIOSA

Pero aquí no estamos hablando de la detección de esas células cancerosas en la sangre, sino de parte de su estructura íntima: el ADN o ácido desoxirribonucleico del tumor. En el argot científico, se denomina DNA circulante del tumor o ctDNA (circulating tumor DNA).

Lo que sucede es que cuando algún tipo de cáncer crece en alguna parte del cuerpo, fragmentos moleculares de este salen a la sangre. Esos fragmentos moleculares son “pedazos” o “trozos” del ADN tumoral, los cuales circulan y pueden ahora ser medidos con técnicas conocidas desde hace mucho tiempo, las cuales se perfeccionan. Esos pedazos de DNA son los llamados ctDNA y una molécula de este ctDNA puede ser distinguida entre 10.000 moléculas normales de la sangre.

Dos recientes artículos publicados este año nos ilustran la utilidad de esas llamadas biopsias líquidas en guiar a los médicos en el tratamiento del cáncer.

En uno de ellos, por ejemplo, un paciente con cáncer del pulmón desarrolló, después de terminar el tratamiento, una masa o tumor pulmonar. Al ver eso, los médicos tratantes pensaron que era una recaída del cáncer y que, por tanto, el pronóstico de la enfermedad se tornaba sombrío para el paciente.

La medición del ctDNA, sin embargo, arrojó un nivel de cero, por lo que se concluyó que la recaída era imposible. Dicho y hecho, el paciente siguió viviendo normalmente hasta 22 meses después de esa aparente metástasis.

Al revés, otro paciente con cáncer del pulmón alcanzó después del tratamiento lo que se llama una “remisión completa”, es decir, no se le encontraba el tumor por ningún lado. El examen del ctDNA, sin embargo, empezó a subir rápidamente después de parar el tratamiento, por lo que se pensó que el tumor le estaba regresando a pesar de que no se le podía ver en ningún examen. Y así fue, lamentablemente. El paciente falleció con cáncer solo 7 meses después de haber sido declarado “libre de la enfermedad”.

El otro estudio, dirigido por el Dr. Luis Díaz del hospital Johns Hopkins (hijo y homónimo de mi buen amigo y también médico peruano Lucho Díaz), demostró que el ctDNA era muy abundante en los tumores avanzados, pero que también podía ser encontrado en tumores localizados, lo que indudablemente abre la puerta para usar este método en la detección precoz del cáncer.

No hay duda de que la medición del ctDNA necesita perfeccionarse, pero estamos en camino de que este método sea usado no solo para guiar el tratamiento del cáncer, sino también para perfeccionar los métodos de detección precoz, tan venidos a menos en la actualidad.

De aquí a algunos años, pensaremos con horror que para hacer una biopsia del cáncer había que obtener una muestra del tumor con cruentos métodos como cortarlo con un bisturí o punzarlo con una aguja.