El pasado 27 de mayo, en preparación a la Copa del Mundo Brasil 2014, la FIFA organizó una conferencia de prensa muy particular con el entrenador de la selección de fútbol de España, Vicente del Bosque. En vez de tener a un grupo de periodistas que lo interrogasen, quienes lo hicieron fueron tres entrenadores de fútbol, Paulo Bento (Portugal), Alberto Zaccheroni (Japón) y Jürgen Klinsmann (Estados Unidos), y dos de sus jugadores, Xavi Hernández y Sergio Ramos.

La pregunta que le hizo Klinsmann tiene relevancia para el tema de este artículo. El entrenador alemán, además de bromear al pedirle “que ya no siga ganándolo todo y que deje algo para los demás”, le preguntó sobre cómo mantener a una plantilla de jugadores hambrienta de triunfos. En otras palabras, le dijo que comparta su secreto para motivar a un grupo de jugadores que lo había ganado todo.

La respuesta de Vicente del Bosque preocupó a mucha gente, pues despertó el temor de que podría ocurrir lo que finalmente sucedió la semana pasada, es decir que España fuera catastróficamente eliminada de la primera ronda de la Copa. Del Bosque dijo: “Los ojos de mis futbolistas, después de haber ganado tanto, no son los mismos que cuando empezaron”. Agregó que no por haber ganado todo antes, iban a ganar ahora.

Gráfico Nota Huerta deportistas

Cuánta razón tenía Del Bosque. La mirada de sus jugadores en los partidos contra Holanda (perdieron 5 a 1) y contra Chile (perdieron 2 a 0) no era la misma que mostraron en sus gloriosas jornadas de dobles campeones europeos en el 2008 y el 2012 y una Copa del Mundo en el 2010. Sin duda que los jugadores no eran los mismos, ni física ni mentalmente. Después de las derrotas, Xabi Alonso acaba de decir lo mismo, es decir, que a España le faltó hambre de gloria.

Por contraste, los ojos de los futbolistas costarricenses después de ganar por 3 a 1 a Uruguay y 1 a 0 nada menos que al tetracampeón Italia rebosaban energía, determinación, y contagiaban entusiasmo. Ellos tienen la misma mirada que la de los futbolistas chilenos y colombianos (sin mencionar a los holandeses y alemanes), que han logrado formar grupos psicológicamente fuertes, primero, y futbolísticamente preparados, después.
ACTITUD CONTAGIANTE

¿Cómo se logra ese estado mental en el individuo? ¿Cómo se logra que el deseo de ganar se contagie en un grupo humano del mismo modo que se contagia el virus de la gripe, por ejemplo?

Pues ese es uno de los objetivos de la psicología del deporte, una especialidad relativamente nueva, que fue creada en Alemania cuando Carl Diem fundó el Deutsche Sporthochschule en 1920. Luego, en 1925, A. Z. Puni fundó el Instituto de Cultura Física en Leningrado y Coleman Griffith organizó un programa similar en la Universidad de Illinois en Estados Unidos. Posteriormente, Griffith publicó “La psicología del entrenador”, el primer libro sobre la especialidad en 1926.

La psicología del deporte estudia la influencia que tiene el estado mental del sujeto sobre el rendimiento individual y del grupo. Los psicólogos deportivos trabajan con atletas y entrenadores profesionales para mejorar el rendimiento y aumentar la motivación de los deportistas usando diversas técnicas tales como la visualización de imágenes, la focalización de la atención y el desarrollo de la motivación.

Un viejo dicho reza que el fútbol es un estado de ánimo. Nada más cierto que eso. Es más, pienso que un equipo de fútbol constituye un estado de ánimo en el que sus integrantes no solo se comunican con la palabra, sino también con la mirada y el lenguaje corporal.

Lo hacen no solo para ganar, que es el objetivo final de la competencia, sino para hacer bien las cosas, ayudándose los unos a los otros, guardándose las espaldas y yendo hacia delante con alegría y responsabilidad.

Los psicólogos trabajan buscando desarrollar lo que se llama motivación, la cual se define como el proceso que inicia, guía y mantiene conductas orientadas hacia la consecución de un objetivo. La motivación es la fuerza que, además de hacernos empezar alguna actividad, ya sea haciendo ejercicios diarios, disminuyendo el tamaño de los platos que nos servimos o empezando la lectura de un libro, nos hace también mantenerlas en el tiempo. La motivación implica la activación de fuerzas biológicas, emocionales, sociales y cognitivas que originan la conducta o comportamiento.

Los factores que desencadenan la motivación son de dos tipos: extrínsecos e intrínsecos. Los factores motivadores extrínsecos son elementos que están fuera de la persona, son los premios o recompensas externos a la vivencia del deportista: trofeos, dinero, medallas o reconocimiento social.

Los factores motivadores intrínsecos son aquellos que nacen del interior del futbolista, de su espíritu, de su identidad personal y colectiva (lo que se llama patria) y tienen que ver con el orgullo o la satisfacción de hacer las cosas bien. Es lo que los tres mosqueteros querían decir cuando repetían “todos para uno y uno para todos”.

Acabo de ver el partido de Argentina contra Irán y, definitivamente, los futbolistas argentinos, incluido Messi, necesitan un apoyo psicológico muy intenso. Juegan con el ceño fruncido, cabizbajos, no sonríen, no gozan del juego, no son un equipo motivado. Son solo un grupo de millonarios, ganadores de trofeos, genios individuales en sus equipos y que gozan de una ferviente adoración social, pero que no han logrado desarrollar un estado de ánimo positivo, es decir no han formado aún un equipo de fútbol. Tienen todos los factores motivadores extrínsecos, pero no han logrado aún plasmar los factores motivadores intrínsecos.

Y con respecto a nuestro fútbol peruano, ¿cuándo tendrán otra vez nuestros actuales futbolistas ese estado de ánimo que logró insertar Didí en la mente de las viejas glorias del fútbol peruano de México 70?

Cuando agobiados por nuestras derrotas futboleras, los peruanos lamemos nuestras heridas añorando nuestro viejo pasado, las viejas glorias siempre repiten lo mismo en las eternas entrevistas: Didí nos convenció de que le podíamos ganar a cualquiera.

¿Cuándo volverán nuestros futbolistas a sentir lo mismo? ¿Quién los podrá convencer de lo que ahora sienten costarricenses y colombianos? ¿Quién podrá transmitirles que ellos son embajadores de una identidad nacional?

Los dejo con esta reflexión del escritor uruguayo Eduardo Galeano, precisamente acerca de la relación entre el fútbol y la identidad nacional:  “Un vacío asombroso: la historia oficial ignora al fútbol. Los textos de historia contemporánea no lo mencionan, ni de paso, en países donde el fútbol ha sido y sigue siendo un signo primordial de identidad colectiva. Juego luego soy: el estilo de juego es un modo de ser, que revela el perfil propio de cada comunidad y afirma su derecho a la diferencia”.