Cuando un problema de salud que ha estado dando vueltas durante años de años por algún lugar pobre y abandonado del mundo, llega por fin a otro lugar política o geográficamente importante, se convierte recién en un asunto notorio.

La semana pasada nos trajo un ejemplo de una complicada situación: la llegada del primer caso de infección por el virus Ébola a EE.UU.

Lo que hasta la semana pasada era, para EE.UU., un asunto lejano, de gente pobre y sin un sistema de salud óptimo, se convirtió de un momento a otro en noticia de primera plana en absolutamente todos los diarios y noticieros de radio y televisión y obviamente un motivo de pánico popular.

Si bien es cierto que el sistema de infraestructura de salud pública de EE.UU. es uno de los mas fuertes y desarrollados en el mundo, el deficiente modo de como se manejó este primer caso de Ébola en la ciudad de Dallas, nos dice que a veces no basta con tener la infraestructura que se necesita, sino contar con el recurso humano que lo maneje bien.

En otras palabras, este asunto nos recuerda el viejo aforismo de que una cadena es tan fuerte como su eslabón mas débil.

El paciente infectado se llama Thomas Duncan, nació en Liberia, y viajó aparentemente sano a EE.UU. para casarse, llegando sin síntomas a Dallas el sábado 20 de setiembre. Había estado en tres aviones, uno de Monrovia a Bruselas, otro de Bruselas a Washington DC y el último de Washington DC a Dallas.

Por lo que hasta ahora se sabe, la persona solo es contagiosa cuando tiene síntomas de la enfermedad, y el Sr. Duncan viajó aparentemente sano, por lo que ninguno de los cientos de pasajeros de los tres aviones está en peligro de contagio.

Lo terrible del asunto es que pocos días después de haber llegado, Duncan presenta fiebre y severos dolores de cabeza y acude por sus propios medios a la emergencia del Hospital Presbiteriano de Dallas advirtiéndole claramente al enfermero (a) que lo entrevista en la sala de emergencia, que el acababa de llegar de Liberia y que podía tener Ébola.

Por los simulacros contra el Ébola que se habían hecho ya en ese hospital, y que fueron anunciados por su departamento de relaciones públicas como “muy exitosos” el 1 de setiembre pasado, esa combinación de fiebre paciente que viene de Liberia debió haber desencadenado una alarma instantánea tanto en el sistema electrónico del hospital como en el cerebro del enfermero y el médico que vieron al paciente.

Aparentemente, el enfermero hizo la anotación respectiva en la historia médica electrónica (que le costó cientos de millones de dólares al hospital) y por razones en las que el propio hospital se ha contradicho entre jueves y viernes pasados, el doctor que ve al paciente o no vio o no se percató (ni tampoco preguntó) esa vital información.

El resultado de tan tremendo error fue que el Sr. Duncan fue devuelto a su casa con una pastilla para la fiebre, poniéndose en peligro a decenas de personas durante las próximas 48 horas antes de su hospitalización y aislamiento finales.
Y esto es terrible porque pone al descubierto la deshumanización de la medicina en Estados Unidos, que pretende reemplazar con robots y computadoras el mecanismo más importante de comunicación del ser humano: la palabra entre dos personas.

ebola Thomas Duncan - ReutersLos trabajos de limpieza realizados en la vivienda de Duncan. (Foto: Reuters)

Si ese enfermero, sabiendo que un paciente que llega de Liberia con fiebre es un inmediato sospechoso de Ébola, no solo se limita a poner el dato en la computadora sino que preocupándose por el paciente, por su hospital y por su país, se para de su escritorio, y le avisa personalmente e inmediatamente a su supervisor o a algún médico de la emergencia que acaba de ver a un paciente muy sospechoso, nada de esto hubiera sucedido. Es decir esa persona no tuvo iniciativa, se comportó tan robóticamente como su propia computadora.

Por ese asunto de que “yo hago lo que me corresponde y punto”, yo ya ingresé el dato en la computadora y esa es mi función y “el resto no es mi problema”, se permitió el error mas grande en la historia del Hospital Presbiteriano de Dallas.
Pero es posible también que ese enfermero haya estado viviendo en la luna en las últimas semanas y que esa combinación de fiebre paciente que viene de Liberia, no le sonó a nada y que dejó pasar la cosa como si fuera algo sin importancia. Pero en ese caso, el multimillonario equipo de historia clínica electrónica debió haber lanzado una alarma de advertencia en letras rojas para que se active el protocolo de aislamiento de Ébola y usando su iniciativa hubiera advertido la situación.

¿Y que hay del doctor que examinó al paciente después de la entrevista con el enfermero? ¿No debió también el o ella haber preguntado si ese paciente africano con fiebre que tenia delante había estado recientemente en África? Si ese médico hubiera estado alerta y preparado, no debió haber esperado que la computadora lo ayude a reconocer algo que el hubiera podido hacer con una simple pregunta.
Y ni que decir de los otros ejemplos de mal manejo del caso por las autoridades de salud de Dallas y del CDC:

  • El primer día que se identificó el departamento en el que vivía Sr. Duncan, ya diagnosticado de Ébola, diversas autoridades se presentaron en el lugar sin ningún tipo de protección, simplemente parecía que estaban entrando a sus propias casas o sus oficinas.
  • Los paramédicos que recogieron a Duncan, luego de que este se agravara, no supieron que iban a recoger a un paciente africano con fiebre (y por tanto sospechoso de Ébola). Se presentaron a recogerlo sin ningún tipo de protección. ¿Nadie preguntó ni en la emergencia ni en la ambulancia del tipo de paciente que iban a recoger?
  • No fue sino hasta tres días después que se empezó la limpieza del departamento en donde estuvo enfermo el Sr. Duncan, durante todo ese tiempo, su novia, su niño de 13 años y dos amigos de la familia estuvieron encerrados con las sábanas y el colchón vomitados.
  • Los vecinos contaron que el Sr. Duncan salió vomitando de su departamento y el vómito no fue limpiado y las veredas no fueron desinfectadas hasta días después.
  • En su afán de “educar” a los habitantes del enorme complejo de edificios en los que vivía Duncan, las autoridades empezaron a repartir panfletos en español e inglés. Lo que no sabían esas autoridades es que en esos edificios, se habla muy poco inglés o español porque la gran mayoría de inquilinos son africanos y asiáticos.

Si bien es cierto que estos errores servirán para mejorar las cosas en adelante, este asunto esta poniendo en duda la preparación del sistema de salud de los Estados Unidos ante un posible brote de Ébola o de cualquier otra enfermedad infecciosa.
El pésimo manejo de este primer caso de Ébola (tan esperado en EE.UU. durante varios meses) , nos enseña que a veces, no todo lo que brilla es oro y nos obliga a preguntarnos cuán bien preparados estamos en el Perú y América Latina para enfrentar un hecho similar.