El darle quimioterapia “paliativa” a un enfermo de cáncer terminal no solo es inútil para alargarle la vida, sino que le empeora la calidad de vida.

Uno de los retos mas grandes que tienen los médicos es aprender a reconocer el momento en que su paciente con cáncer ha llegado a la etapa terminal. A pesar de su gran experiencia, muchos médicos (incluyendo los oncólogos) no saben reconocer el estado terminal o tienden a sobreestimar el tiempo que va a vivir su paciente.

Se define como cáncer terminal a la etapa de la enfermedad en la que los tratamientos ya no tienen efecto alguno y el tumor sigue creciendo sin control, lo que ocasiona que el paciente pierda completamente el apetito y las ganas de vivir.

Suero - APFoto: AP

No saber reconocer el estado terminal de la enfermedad es importante porque impide que el enfermo empiece a recibir tratamientos paliativos que le mejoren su calidad de vida o provoca tratamientos y hospitalizaciones innecesarias, con la consiguiente angustia de pacientes y familiares. El uso de morfina por ejemplo, tan útil cuando el paciente con cáncer llega a la etapa terminal, es retrasado o simplemente no es usado, porque el médico no sabe reconocer que su paciente ha llegado a la ultima etapa de su cáncer.

Por otro lado, muchos oncólogos le administran quimioterapia al enfermo terminal con razonamientos tan subjetivos como “algo hay que darle al paciente” o que “de repente se va a mejorar” y muchos otros amparan su decisión en una recomendación de la sociedad Norteamericana de Oncología Clínica que dice que la quimioterapia paliativa podría estar justificada en pacientes con ciertos tipos de cáncer terminal con una calidad de vida adecuada. Recientemente un despreciable médico oncólogo fue condenado a 45 años de cárcel en la ciudad de Detroit por administrar quimioterapia innecesaria a centenares de pacientes y volverse millonario con esa acción.

Es precisamente para analizar el impacto de la quimioterapia sobre la calidad de vida del enfermo con cáncer terminal que un grupo de investigadores norteamericanos decidió hacer un estudio, que sorprendentemente, es uno de los pocos que se ha hecho al respecto.

Para eso, entre febrero del 2002 y setiembre del 2008, estudiaron a 312 enfermos con cáncer terminal en varios hospitales en Estados Unidos, de los cuales 158 recibieron por lo menos un tratamiento de quimioterapia paliativa. Cada enfermo tuvo una evaluación muy completa de su calidad de vida, la cual esta dividida en cinco grados ECOG. El Grado ECOG 0 es el paciente que tiene una vida casi normal; el Grado 1 es el paciente que todavía puede salir a la calle y hacer cosas ligeras, pero que se agita si tiene que hacer esfuerzo físico; el Grado 2 es el que todavía puede ir al baño y hacer algunas cosas dentro de casa pero que ya no puede salir a la calle; el Grado 3, es el paciente que camina con dificultad y necesita ayuda para ir al baño, pasando mas de la mitad del día en la cama o en la silla; el Grado 4 es el paciente que es incapaz de levantarse, ya no puede cuidar de si mismo, y esta todo el día en la cama. El Grado 5 es la muerte. De los 312 pacientes en el estudio, el 39% estuvo en el Grado 1, 37% en el Grado 2, y 19% en el Grado 3.

Los pacientes fueron evaluados hasta que fallecieron para saber si la calidad de vida que tuvo el paciente antes del tratamiento mejoraba o empeoraba por el tratamiento (recordemos que la idea de los doctores, del paciente y los familiares era que la quimioterapia los iba a mejorar).

Los resultados fueron desalentadores. La quimioterapia no solamente fue incapaz de mejorar la calidad de vida del enfermo, sino que la empeoró, y de paso, los investigadores  demostraron que los pacientes no vivieron mas tiempo.

Entonces la gran pregunta es: ¿de qué vale dar quimioterapia a un enfermo terminal si esta lo va a maltratar mas, le va a empeorar la calidad de vida y no lo va a hacer vivir mas tiempo? Y ni que decir de los gastos, la quimioterapia es muy cara y muchos pacientes hacen esfuerzos extraordinarios para comprarla, creyendo ilusionados que esos medicamentos son “su ultima esperanza”.

¿No sería mas humano que el médico reconozca con humildad que ha llegado al limite de sus conocimientos científicos, que aprenda a comunicar con mucho tacto y de manera sencilla tanto al paciente y a sus familiares que ya no existe tratamiento alguno para la enfermedad y que es momento de pensar en la muerte?

¿No sería mas humano que el enfermo y sus familiares reconozcan y acepten que el momento de la muerte ha llegado y que es necesario prepararse para ella?

El gran problema es que en el paradigma médico que se practica en el mundo occidental, la muerte por una enfermedad crónica, como el cáncer, es considerada como algo inaceptable y el médico considera a la muerte como “un enemigo” al que hay que evitar y posponer a toda costa, incluso a costa de la calidad de vida de su enfermo terminal.

En otras palabras, es social y medicamente mas aceptable dar un tratamiento innecesario y que el enfermo muera sufriendo, “luchando” y con menor calidad de vida que tener la valentía de aceptar la realidad de la enfermedad terminal, no maltratar al paciente con un tratamiento innecesario y darle calidad de vida a sus últimos días.

Es muy probable que un médico sincero, que comunique adecuadamente el verdadero estado de salud de su paciente y diga que ya no hay nada que hacer, sea percibido como un médico inhumano y limitado en sus conocimientos. Es muy probable que en esa situación, el paciente y su familia busquen a otro médico quien optimistamente opine que sí hay algo que hacer y va a recetar una quimioterapia, que como hemos visto en el estudio, será ineficaz y empeorará la calidad del enfermo. Pero al llegar el desenlace, los familiares quedarán tranquilos, pensando que “se hizo todo lo que se pudo” y que el primer doctor no sabe nada y que el segundo doctor es un héroe.

Este es un tema muy delicado y que despierta pasiones encendidas. Cuando hace cinco años por ejemplo, el presidente Obama promovía su plan de salud, se mencionó como uno de los elementos de ese plan, que los doctores deberían ser compensados por el tiempo que les toma hacer una consulta médica para hablar sobre el final de la vida del paciente.

Lamentablemente, esa consulta médica en la que el doctor reúne al paciente y a su familia para comunicar que la enfermedad ha llegado a su etapa terminal y que es momento de pensar en los tratamientos paliativos, fue interpretada por algunos políticos republicanos como que el gobierno quería establecer “paneles de la muerte” para negar tratamientos a los enfermos y hacer que se mueran mas rápido.

Estamos seguros que estudios como el que ahora comentamos servirán para que médicos, pacientes y familiares entiendan que los tratamientos innecesarios al final de la vida no solamente son ineficaces, sino que dañan la calidad de vida de nuestros seres queridos.

Si usted o algún ser querido amable lector esta pasando por ese trance, pídale a su doctor que sea sincero y le diga la verdad, de tal modo que se eviten tratamientos innecesarios y su ser querido pueda tener calidad de vida en sus últimos días. Recuérdele que la Sociedad Norteamericana de Oncología Clínica recomienda que los pacientes con cáncer avanzado y Grado ECOG 3 o mayor, no deben recibir quimioterapia y que eso de dar tratamiento “por si acaso” o porque “de repente puede mejorar”, no es un razonamiento científico.