Qandeel Baloch era una jovencita pakistaní de 26 años a quien le gustaba ponerse coloridos vestidos, maquillaje y tomarse selfies o grabar provocativos videos en los que se auto definía como una adalid de la liberación femenina. Sus fotos y videos se convirtieron en una sensación de las redes sociales en Pakistán, y atrajeron 750.000 seguidores, la mayoría hombres que expresaban su sórdido machismo, escribiendo comentarios subidos de tono hacia su persona.

Eso fue el colmo para su hermano Waseem Azeem. El no podía permitir que el honor de su familia sea llevado al lodo de las redes sociales y que su hermana se muestre de esa manera en público. Waseem tenía que hacer algo para lavar la honra de su sangre y lo hizo. Hace dos semanas drogó y estranguló a su hermana, cometiendo un crimen que en ese país ocurre aproximadamente 1000 veces al año, un crimen llamado asesinato por honor.

Esos asesinatos “por honor” son muy comunes en países musulmanes, hindúes y Sikh, y de acuerdo al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNPF por sus siglas en inglés) mas de 5.000 asesinatos de ese tipo ocurren cada año en el mundo.

En occidente

Y si usted cree amable lector que ese tipo de crímenes solo ocurren al otro lado del mundo, se equivoca, también ocurren en occidente.  De acuerdo al Departamento de Justicia de los Estados Unidos, aproximadamente 25 asesinatos acurren al año en EEUU, 13 en Holanda y 12 en Inglaterra.

En Brasil, en 1991, Joao Lopes no pudo soportar la furia cuando su esposa Teresa le pidió el divorcio y planeando cuidadosamente sus acciones, la mató junto a su amante en un hotel de la localidad. Su abogado argumentó que su cliente debía ser absuelto por que el crimen fue hecho para limpiar su honor, pues Joao no podía permitir que su propiedad (su mujer) manche de esa manera su honra. Cerca de 800 casos similares habían sido absueltos en años anteriores.

En Arizona, en el 2010, el inmigrante iraquí Faleh Almaleki estaba ya harto de que su hija Noor de 20 años se comporte como una jovencita norteamericana y no guarde las costumbres y tradiciones de su familia. El no soportaba que su hija salga de noche, se divierta con jóvenes de su edad o que tenga un novio. Decidido a lavar el honor de su familia y su tradición, la atropelló con su Jeep y la mató. Faleh fue condenado a 34 años de cárcel

La mujer como propiedad

De acuerdo a la organización Human Right Watch, el problema es que existen sociedades en la que los hombres están convencidos de que las mujeres son su propiedad y por tanto pueden disponer de ellas, especialmente si no se someten a sus reglas y costumbres. Es por eso que la mayor parte de las víctimas son jóvenes mujeres, con un promedio de 23 años, que por no aceptar matrimonios arreglados, comportarse de manera diferente a la tradición o usar teléfonos celulares o el internet, están trasgrediendo las normas de la sociedad, se han convertido en un elemento negativo y pueden ser eliminadas con impunidad.

La justicia es injusticia

En los países en que los asesinatos por honor son frecuentes, la justicia permite que un hombre salga librado de un crimen por lavar su honra o la de su familia. En Pakistán por ejemplo, si la mujer “perdona” a su agresor, la ley permite que el juez libere de toda culpa al hombre y lo saque de la cárcel como si nada hubiera pasado.

Pero las cosas están cambiando. Gracias al caso de Joao, desde 1991 se ha prohibido la absolución de un crimen de honor en Brasil. Desde el 2009 en Siria, el agresor es condenado a un mínimo de dos años de cárcel (pena obviamente irrisoria) y desde el 2011, Líbano eliminó los crímenes por honor. Gracias al caso de Qandeel, la semana pasada, el gobierno de Pakistán ha prometido abolir los asesinatos por honor.

En el Perú

Los indignantes casos de Lady Guillén, quien fue desfigurada en 2012 por Ronny García y de Cindy Contreras, quien fue salvajemente maltratada por Adriano Pozo en Ayacucho nos demuestran que el crimen por honor esta vivito y coleando en el Perú. En el caso de Cindy se ve como Pozo, desnudo y alcoholizado la arrastra de los cabellos por el suelo como en la edad de piedra. Cualquiera haya sido el motivo, es probable que las mujeres (sus propiedades) no se hayan comportado a la par de sus deseos, por lo que los machos decidieron lavar su honor con violencia. En ambos casos, los jueces, al igual que en Pakistán, dieron sentencias triviales a ambos energúmenos. La razón, es que al no presentar lesiones graves, los machos solo les dieron una lección “a sus propiedades”, lavaron su honor, pero no las mataron.

Al ser parte de ella, los jueces muestran también las taras de la sociedad en que viven, por lo que estos jueces, o son seres terriblemente corruptos, o realmente creen que en el Perú la mujer es propiedad del hombre y que este es libre de disponer de su propiedad como mejor le plazca.

En uno u otro caso, el daño que sus decisiones le han hecho a la salud mental de la población es inmenso.