La semana pasada, un grupo de 109 científicos, ganadores del premio Nobel en diversas especialidades de ciencia, publicó una durísima carta dirigida a Greenpeace, las Naciones Unidas y a los jefes de estado del mundo. En ella, acusan a Greenpeace de oponerse al cultivo de plantas transgénicas por razones de “dogma y emociones”, y de ignorar las conclusiones científicas de miles de estudios que indican que los transgénicos son seguros para la salud humana y el medio ambiente. La dura carta termina acusando a Greenpeace de “crimen contra la humanidad” al oponerse al uso del arroz dorado, una variante genéticamente modificada de arroz que contiene vitamina A y que podría prevenir la ceguera y la muerte de medio millón de niños pobres en el mundo. ¿Pero qué hay de cierto en que los productos transgénicos no son dañinos para la salud humana y el medio ambiente?

Un reciente reporte de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, publicado en Mayo de este año nos permite contestar a esa pregunta y esta columna hará una muy breve sinopsis del documento “Cultivos Genéticamente Manipulados: Experiencias y Perspectivas”. El reporte resume en 420 páginas, el trabajo de 20 científicos independientes, quienes escucharon 80 presentaciones, revisaron miles de estudios científicos y recibieron mas de 700 comentarios de organizaciones y público general.

El reporte hace análisis y recomendaciones con respecto al impacto de las plantas transgénicas en tres áreas principales: agricultura y medio ambiente, salud humana y animal e impacto social y económico.

El reporte hace también tres importantes consideraciones para entender este problema. En primer lugar, que en la actualidad se han desarrollado menos de 10 plantas transgénicas, las cuales ocupan ya el 12% de los terrenos de cultivo del planeta. De las 180 millones de hectáreas cultivadas con transgénicos, EE.UU. tiene 70 millones, mientras que Brasil, Argentina, India y Canadá tienen 90 millones; el resto esta distribuido en 23 países. En segundo lugar, con muy pocas excepciones (papas y manzanas que no se oxidan por ejemplo), casi todos los transgénicos son de soya (83% de cultivos son transgénicos), algodón (75%), maíz (29%) y canola (24%). En tercer lugar, casi todos los experimentos son en dos rubros: desarrollo de plantas resistentes a insectos y a herbicidas (principalmente glifosato).

Con relación al impacto sobre agricultura, el reporte concluye que la cosa no es tan sencilla y que el impacto depende de si se sembraron plantas resistentes a herbicidas, a insectos o a ambas. En general, el comité no encontró daño significativo sobre el medio ambiente, pero también encontró (y esto es decepcionante) que el uso de transgénicos no aumento el rendimiento por hectárea de soya o maíz en los EEUU.

Con relación al impacto sobre la salud humana, el reporte empieza diciendo que esto es difícil, porque incluso el impacto de productos naturales sobre la salud humana es muy difícil de evaluar y que es más fácil estudiar los efectos agudos o inmediatos de los alimentos que los efectos crónicos o a largo plazo.

Para estudiar este problema se analizaron estudios en tres áreas: pruebas animales en ratas y otros animales alimentados con transgénicos, análisis de la composición de los productos transgénicos y desarrollo de alergias por consumo de transgénicos.

Después de revisar cientos de estudios científicos que comparan a EE.UU. con Inglaterra y otros países europeos que no consumen transgénicos, el reporte no encontró mayor incidencia de cáncer, obesidad, diabetes, autismo, enfermedades renales o enfermedad celiaca. Tampoco se ha comprobado transferencia de material genético a través de la leche materna o los alimentos. Con respecto a la composición nutricional de los transgénicos, se vio que es similar a la de los productos naturales. El comité tampoco encontró mayor incidencia de enfermedades alérgicas por el uso de transgénicos.

Con relación al impacto social y económico. El reporte dice que si bien es cierto que existe cierto beneficio para el agricultor, este es pasajero y que depende mucho del tamaño de los campos de cultivo. En ese sentido, se ha visto que los pequeños agricultores, sin acceso a crédito y que tienen que pagar las semillas transgénicas por adelantado, pueden ser los mas perjudicados. Para estos pequeños agricultores, dice el reporte, es posible que el desarrollo de productos “nicho” como papayas resistentes a virus puedan ayudarlos, pero nuevamente, sin crédito y sin dinero para pagar por adelantado, es posible que no se beneficien.

Presencia adventicia

Este es un concepto fundamental para el Perú y otros países que no han aprobado el cultivo de transgénicos. Presencia adventicia significa que el polen de una planta transgénica puede fecundar plantas vecinas y por tanto hacer que las características genéticas modificadas aparezcan accidentalmente en semillas, alimentos y granos. El reporte dice que debido a que los productos orgánicos y no transgénicos son cada día mas valiosos, cada país debe decidir, en base a sus oportunidades de mercado, que es lo que mas le conviene.

En ese sentido, aprovechando la moratoria de cultivos transgénicos hasta el 2020, el nuevo gobierno debe decidir “cuan puros” deben ser los cultivos peruanos y como puede usarse esa “pureza” en la promoción de la Marca Perú. Ese beneficio debe contrapesarse con el desarrollo de la agricultura en el país.

Lo que si es cierto es que el consumo de transgénicos no parece ser dañino para la salud humana.