Los pacientes llegaban a la antigua Asistencia Pública de la Avenida Grau con apendicitis y debían ser operados de urgencia. Luego de la evaluación inicial de los estudiantes de medicina que trabajábamos como internos, el cirujano disponía su traslado inmediato a la sala de operaciones, lugar en el que el anestesiólogo anunciaba con tono grave y confiado que la ketamina ya estaba lista y que muy pronto el paciente iba a estar dormido, listo para la operación. Esa fue la primera vez que escuché el nombre ketamina, un anestésico con mas de 45 años de uso y que reapareció en los años noventa como Special K, una droga callejera usada en las discotecas por sus efectos euforizantes. Ahora, la ketamina ha hecho su reaparición como la medicina milagrosa contra la depresión severa e intratable.

La ketamina es un medicamento que actúa sobre el sistema del glutamato, un neurotransmisor cerebral. Recordemos que muchos de los medicamentos que se usan para tratar problemas de salud mental, actúan a nivel de los llamados neurotransmisores, sustancias químicas cuya actividad determina el funcionamiento cerebral.

La depresión, una enfermedad que afecta a 1.8 millones de personas en el Perú, afectando al 8% de adolescentes, 6% de adultos y 7% de personas mayores, es un discapacitante trastorno de la salud mental que puede tener graves consecuencias para la persona afectada, entre ellas el suicidio. En el Perú, dos de cada tres suicidios son causados por una depresión grave o depresión mayor, enfermedad que lamentablemente casi no responde a los tratamientos médicos.

El milagro de la ketamina

El Dr. Thomas Insel, ex director del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos ha escrito que la ketamina es el adelanto médico más importante en las últimas décadas en el tratamiento de la depresión severa. La Asociación Norteamericana de Psiquiatría ha publicado un comunicado en el que, basado en siete estudios científicos, reconoce a la ketamina como un medicamento innovador para el tratamiento de la depresión.

Por otro lado, a pesar de que la Administración de Medicinas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) no ha aprobado el uso de la ketamina como un medicamento contra la depresión, tanto centros académicos como la Universidad de Yale y decenas de centros privados están administrando ketamina en el tratamiento de la depresión grave que no ha respondido a otros tratamientos.

La ketamina solo se puede dar por medio de una infusión endovenosa ambulatoria, por lo que el paciente debe acudir a un centro médico para su administración supervisada. Usualmente, el tratamiento dura 40 minutos y debido a que la dosis es mucho menor que la usada como anestésico, el paciente no pierde la conciencia. Lo remarcable de la ketamina, y la razón por la que se le considera como un verdadero milagro terapéutico, es que su acción en el alivio de la depresión severa resistente a otros tratamientos empieza a las seis horas de haberse administrado y dura aproximadamente dos semanas. Esto en contraste a las varias semanas que necesitan –si funcionan- para demostrar alguna mejoría los medicamentos antidepresivos disponibles.

Otro hecho remarcable es que los efectos secundarios a corto plazo son mínimos y la medicina se tolera perfectamente bien. Recientemente, la FDA ha aprobado el uso de un derivado de la ketamina llamado esketamina para el tratamiento de la depresión severa. Lo novedoso de la esketamina es que se administra como un aerosol nasal y su aprobación fue hecha bajo un sistema usualmente otorgado a medicamentos de muy alta relevancia médica.

Los expertos coinciden que si bien es cierto que la ketamina es una promesa para el tratamiento de la depresión severa que no responde a otros tipos de tratamiento, el hecho que deba darse endovenosamente y que su efecto solo dure dos semanas, hace que deba administrarse por lo menos dos veces al mes. Eso hace que se cuestionen la duración del tratamiento y sus efectos a largo plazo. Un reciente artículo, publicado el 14 de agosto pasado, exige cautela en el uso de la ketamina pues advierte de problemas de memoria y de la vejiga en ratones y seres humanos.

Otro punto controversial es que debido a que el medicamento es muy antiguo y ya no tiene protección de patente, es decir que cualquier laboratorio la puede fabricar, no existe incentivo económico para realizar costosos estudios a gran escala y a largo plazo que puedan responder a preguntas de dosis adecuadas y duración de tratamiento.

Corolario

En resumen, si usted o alguien a quien conoce esta afectado de una severa depresión que no responde a ningún tratamiento -y ha contemplado el suicidio como única solución a su problema- la ketamina podría ser la solución. El Dr. Insel, cree que es posible que la ketamina sea el primer medicamento anti suicidio que existe, porque minutos después de ser administrada, es decir antes de que alivie la depresión misma, la ketamina elimina la idea del suicidio de la mente del paciente.

Los expertos coinciden que es necesario estudiar el efecto a corto, mediano y largo plazo de la ketamina y que eso solo se logrará con estudios colaborativos en los que participen centros académicos y particulares que ya están tratando pacientes con ketamina.

Es por eso muy importante que este medicamento solo sea administrado por algún centro académico que esté conduciendo estudios de investigación, para que de ese modo su participación pueda también ayudar a los pacientes d