En previos artículos habíamos descrito la peligrosa tendencia -documentada por múltiples estudios- de que los suplementos de testosterona estaban siendo excesivamente recetados por los médicos. Un artículo en el Journal of the American Geriatrics Society de abril del 2015 denunció que la industria había “inventado un diagnóstico” en el hombre para vender la testosterona y reveló que el número de recetas de esa hormona aumentó de 100 millones en 2007 a 500 millones en 2012 y las ganancias aumentaron de 324 millones en 2002 a dos mil millones de dólares en 2012. En esa década, el número de recetas se multiplicó por diez.

Sin haber aprendido del fiasco que representó el uso indiscriminado de las hormonas femeninas durante la menopausia del siglo pasado -que causó miles de casos de cáncer de la mama, infartos cardiacos y derrames cerebrales- la medicina moderna estuvo a punto de repetir el error. Felizmente -y de acuerdo a un estudio publicado la semana pasada en la Revista de la Asociación Médica de Norteamérica- los médicos se han dado cuenta del problema y -empezando el 2013- las recetas de testosterona han disminuido en 62% en los Estados Unidos, documentándose además que 48% de los hombres que ya la estaban usando, dejaron de usarla.

El hombre y su testosterona

La producción de altas cantidades de testosterona u hormona masculina empieza en la pubertad y alcanza su pico máximo alrededor de los 30 años; desde esa edad, se estima que la producción de testosterona disminuye uno por ciento por año. El problema es que la cantidad de testosterona en la sangre varia mucho, es decir tiene un amplio rango de normalidad. En hombres normales entre 19 y 40 años por ejemplo, el estudio de Framingham demostró que la testosterona varia entre 280 y 873 nanogramos por decilitro, una variabilidad muy grande como para explicar los síntomas que presenta el hombre con la edad.

Lo natural es que debido a la disminución natural de testosterona -y empezando a los cuarentas- el hombre presenta cambios en su vida, los cuales se agrupan en tres categorías: menor resistencia a la actividad física, menor nivel de energía o vitalidad y una disminución en la intensidad de su deseo y potencia sexual.

Esos cambios hacen que el hombre ya no se sienta el mismo de antes, que se agote mas de lo usual después de un largo día de trabajo, que tenga necesidad de una siesta a media tarde, que se canse mas al hacer ejercicios, que se duerma en las reuniones y que tenga menor satisfacción en su vida sexual. Sin duda, al preocuparse por esos cambios, el hombre se vuelve irritable, no se concentra en las cosas que hace y “se siente viejo”.

Como en el caso de la mujer menopaúsica, a quien se le decía que los suplementos hormonales le podían resolver el problema, los médicos empezaron a recetar testosterona a millones de hombres con la promesa de devolverles la vitalidad de sus años jóvenes.

Los últimos estudios

De acuerdo al estudio publicado la semana pasada, la marcada disminución del uso de testosterona se inició con la publicación de dos importantes estudios en el 2013 y 2014, los cuales relacionaron el uso de los suplementos de testosterona con un aumento de casos de infartos cardiacos y derrames cerebrales. Esos estudios obligaron -tal como lo reportamos en su momento- a que la Administración de Medicinas y Alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) advierta a los médicos en el 2015 que el término “low T” no existía y que el uso de testosterona podía causar esas graves complicaciones.

Al mismo tiempo, los Institutos Nacionales de la Salud (NIH por sus siglas en inglés) decidieron financiar el primer estudio para comparar la testosterona con un placebo y zanjar la controversia. Los resultados, publicados en el New England Journal of Medicine en febrero del 2016, demostraron que la hormona no fue mejor que el placebo en mejorar ni la vitalidad ni la resistencia al ejercicio, y que el beneficio sobre la disfunción eréctil no fue mejor que la que se obtiene con medicamentos como el sildenafilo, tadalafilo y vardenafilo, actualmente disponibles  para tratar la disfunción eréctil.

Corolario

Los resultados de este estudio son entonces muy importantes pues demuestran que ante la evidencia científica, es posible revertir una peligrosa tendencia y no repetir los mismos errores del pasado. En el balance, médicos y pacientes deben entender que los estudios científicos no justifican el uso de la testosterona, sobre todo considerando que la vida sexual puede mejorarse con otro tipo de medicamentos, los cuales tienen mucho menos efectos secundarios.

Pensamos que hombres y mujeres deben aprender a envejecer con gracia, y para eso deben reconocer que los cambios que causa el paso del tiempo son naturales y por lo tanto, deben aceptarse para saber adaptarse a ellos. Es vital entender que es imposible hacer a los cincuenta, sesenta u ochenta, lo que se hacia a los veinte o treinta.

Sabiendo que el proceso de envejecimiento es solo 30% genético y 70% estilo de vida, no hay duda que adoptar y mantener un estilo de vida saludable es clave para retrasar el envejecimiento. Alimentarse saludablemente -porciones pequeñas de comida fresca cocinada diariamente y usando ingredientes naturales- ejercicio diario, dormir las horas adecuadas, no fumar cigarrillos ni abusar del alcohol y controlar el estrés de la vida diaria, son algunas de las prácticas que nos harán llegar a viejos, lo mas jóvenes posible sin necesidad de usar hormonas que pongan en peligro nuestra salud.