Como toda ciencia, la medicina -que es además un arte- evoluciona constantemente tomando ventaja de los avances tecnológicos. Sucedió con el invento del microscopio, que permitió el desarrollo de la histología o estudio de los tejidos bajo el microscopio. Así, el diagnóstico de cáncer pasó -de ser algo abstracto y meramente descriptivo- a una ciencia casi exacta, en la que los patólogos pueden distinguir -ahora con el uso de nuevas técnicas y mas potentes microscopios- detalles de la biopsia de un tumor y establecer si el cáncer es o no agresivo, un punto esencial para el beneficio del paciente.

Los ejemplos, en los que los avances tecnológicos han producido cambios fundamentales en la práctica  de la medicina son innumerables y su aporte ha permitido que el ser humano doble su expectativa de vida. A comienzos del siglo pasado, el ser humano vivía hasta sus cuarentas, en la actualidad, llega a los ochentas en la mayor parte del mundo desarrollado.

Estamos en el siglo XXI y en plena cuarta revolución industrial. Las tres anteriores -energía del vapor de agua; electricidad y líneas de ensamblaje en fábricas; e informatización por el uso de computadoras- han dado paso a la adopción de sistemas ciber-físicos, al internet de las cosas y el internet de sistemas. A decir de la revista Forbes: “A medida que implementamos tecnologías inteligentes en nuestras fábricas y lugares de trabajo, las máquinas conectadas interactuarán, visualizarán toda la cadena de producción y tomarán decisiones de forma autónoma, provocando cambios exponenciales en la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos entre nosotros, esperándose que esta revolución afecte a todas las disciplinas, industrias y economías. Sin duda, la medicina no será una excepción.

Salud y telecomunicaciones

El avance de las telecomunicaciones ha cambiado el modo en que se practica la medicina. Sin duda que la invención del teléfono a fines del siglo antepasado fue la primera tecnología en romper el paradigma de la obligada entrevista cara a cara entre el médico y el paciente. Con el teléfono, ya era posible que el médico y el paciente puedan conversar a distancia y el profesional pueda darse una idea de la gravedad del caso de su enfermo. El advenimiento de la radio y la televisión hizo posible usar esos nuevos medios, en la educación del público en temas de salud (actividad que este columnista desarrolla diariamente por mas de 30 años).

La primera transmisión de una radiografía por teléfono ocurrió en 1948 entre los hospitales West Chester y Filadelfia. En los años cincuentas y sesentas, múltiples instituciones norteamericanas usaron líneas telefónicas y coaxiales para transmitir videos, radiografías, electrocardiogramas y otros datos de pacientes a distancia. El primer electrocardiograma transatlántico ocurrió en 1967. Al principio muy usadas para subsanar las deficiencias de acceso en las zonas rurales, posteriormente fueron usadas también en las ciudades.

Cuatro tipos de telemedicina

En la actualidad se considera que existen tantas modalidades de uso de telecomunicaciones en medicina, que es casi imposible hacer un inventario. Ante eso, el Centro de Política de Salud Conectada (CCHP, por sus siglas en inglés) ha organizado cuatro modalidades de telemedicina (ellos usan el término mas amplio de telesalud): Videollamadas en vivo entre profesionales de la salud para educación y consulta; salud móvil, que permite videollamadas entre un profesional de la salud y un paciente mediante aplicativos en teléfonos inteligentes; monitoreo a distancia de signos y síntomas de pacientes; y recolección y envío de datos de pacientes a distancia (radiografías, análisis, imágenes de biopsias de pacientes).

Como se puede ver, todas esos usos de la telemedicina -con excepción de la salud móvil- están encaminadas a ayudar en la interpretación de exámenes de diagnóstico y en la educación a distancia. Lo cual lleva a preguntarse -en relación con las videollamadas entre un médico y un paciente- ¿podrán los teléfonos inteligentes reemplazar la visita al médico?

Sabiendo que el diagnóstico médico implica cumplir los tres pasos esenciales del método científico (largas conversaciones para irse dando cuenta del problema, examen clínico del paciente para confirmar o descartar las sospechas, y uso de exámenes auxiliares para afianzar las sospechas), la gran limitación de las videollamadas es que solo permiten hacer mas o menos bien la primera de ellas, la conversación. La segunda -el examen clínico- a pesar de las imágenes de alta definición con que se cuentan ahora, será siempre incompleto. Por su parte, el uso de exámenes auxiliares en tiempo real es obviamente imposible.

Esas limitaciones no han impedido que decenas de empresas en Estados Unidos y otros países, hayan lanzado en los últimos años servicios de videollamadas diciendo que pueden reemplazar la visita al médico.

Ese es un punto controversial. Es posible que las videollamadas puedan resolver problemas simples, cuyo diagnóstico depende mas de una buena conversación que de un examen clínico completo, pero que reemplacen a una consulta médica cara a cara, es discutible. Por ejemplo, muchos padecimientos comunes de la vida diaria (resfríos, alergias, dolores de cintura o diarreas) -y que representan 85% de los padecimientos- podrían ser adecuadamente manejados con una videollamada, guiando al paciente para buscar la ayuda correspondiente. En casos mas complicados, incluyendo la receta de medicamentos especializados, una visita cara a cara será irremplazable.

Corolario

Sin duda, como lo sugiere un reciente punto de vista en la revista de la Asociación Médica de Norteamérica, la medicina esta a puertas de tener un nuevo tipo de especialista, el médico virtualista, que además de videollamadas, se beneficiará de los elementos de la cuarta revolución industrial. Solo es cuestión de tiempo de que -una vez mas- la tecnología cambie para siempre la práctica de la medicina.