Regresaste. Después de tantos años. Volviste y anunciaste tu regreso con gloria por todos lados. Comentan de ti en las calles y las esquinas. Lo conversan las señoras, los jóvenes que no te conocieron y los no tan jóvenes también. Se ha generado todo un alboroto por tu regreso y yo me alegro, como me alegraba cada vez que te tenía entre mis manos.Por fin me doy ánimos para buscarte, no fue nada difícil encontrarte, que conste que no lo hice por si venías con algún regalito. Solo me detenía el temor de saber si estarías igual, si seguías siendo el mismo. A primera vista no has cambiado, no has engordado ni adelgazado, te ves igualito, con la misma pinta. Es como si el tiempo se hubiera detenido.

Ya estamos en casa, a escondidas y sin que nadie nos vea. No quiero escuchar lo de siempre: “no te hace bien, no te conviene”. Ahora sí, a solas, por fin puedo sentirte, primero tu olor, mmmm…, no eres el mismo, o por lo menos no el que yo recuerdo, pareces más dulce y un poco cargoso. Retiro el papel que te envuelve, tampoco es igual. Doy el primer mordisco y me sabes a otro. Qué desilusión. Quiero asegurarme y leo la etiqueta: leche, maní y lecitina de soya. ¡No dice chocolate por ningún lado! Ni nada que se le parezca. Con razón.

Será que en estos años aprendí. Me enseñaron a entender, diferenciar, oler, saborear, entre lo que es chocolate y lo que no es. Lo cierto es que ya no me gustas, por dentro has cambiado, eres otro, estás diferente, ¿o estaré confundida? O será mi querido y recordado Sublime que no eres tú, soy yo.