Foto: Liz M

Un 26 de diciembre de hace varios años llegó a nuestra veterinaria un cachorro de raza chow chow al que le dieron de comer tanto panetón que le dio un cólico de gases y al no poder expulsarlos, falleció.

Y es que en primer lugar tenemos que aceptar que las mascotas no festejan Navidad ni Año Nuevo ni Fiestas Patrias ni ninguna otra festividad que sí celebramos los seres humanos. Entonces, estando próximos a celebrar la Navidad, tú, mi estimado lector, disfrutarás junto con tu familia de la cena de Nochebuena pero tu mascota deberá seguir con su alimentación habitual, es decir, con su comida concentrada para perro.

Nuestras mascotas no son un depósito de basura, es decir, no tienen por qué comer todo aquello que quedó de la cena navideña (pavo, panetón, puré de manzana, etcétera). Si lo hicieran, seguro que al otro día amanecerían empachadas o con algún serio problema digestivo. Ellas deben comer su comida normal y nosotros debemos botar los restos de nuestra cena al basurero, pero nunca dárselos al perrito ni al gato ni a ningún animal.

A diferencia del gato, el perro es un animal goloso por naturaleza y no discrima los alimentos, si encuentra a su disposición pollo, chocolate, pavo, entre otros, comerá todo mezclado. Y es que así como para nosotros todos estos alimentos nos resultan exquisitos, a él también. Entonces presta mucha atención a lo que tu engreído ingiera en estos días. Generalmente, después de la Navidad las veterinarias se llenan de pacientes. Muchos mueren por atoros, perforaciones intestinales (por comer huesos), problemas de gases, por intoxicación alimenticia, entre otros problemas digestivos. También porque por juguetones se comieron los cohetecillos o rascapiés que encontraron en la calle.

Si en la cena navideña tu engreído está inquieto y ves que se saborea viendo lo que tú comes, tenle preparado su alimento concentrado o sus galletas para perro. Su cuidado depende de ti.