Foto: ciao-chow

Corría la década del 70 cuando comenzaron a llegar a los pocos consultorios veterinarios de la época, perros con graves síntomas: diarrea sanguinolenta, pérdida total del apetito y otros llegaban cadáver.

Recuerdo que muchos veterinarios -como yo- corrimos a nuestra facultad sin saber qué pasaba, pero encontramos un caos total.

La noticia que se propalaba indicaba que los perros morían de una nueva enfermedad desconocida. Los rumores eran alarmantes para los pocos médicos veterinarios que ejercíamos en animales menores y buscábamos tratamientos sintomáticos. Se decía que la causa era que en un laboratorio de Alemania Oriental donde se experimentaba con bacterias, alguien se descuidó y llevó los virus a Nueva York para infectar personas, pero que gracias a Dios solo afectó a los perros.

Hoy se sabe que este virus mutó de felinos salvajes a los gatos y hurones, y de allí a los perros.

La primera vacuna a nivel mundial la realizó un médico veterinario peruano que trabajaba en Canadá en ese entonces. Se trata del doctor Manuel Carpio Noles de la promoción 1970 de la facultad de Veterinaria de la universidad de San Marcos. Él logró aislar el virus y producir la primera vacuna, gracias a lo cual hoy en día hay pocos casos de parvovirus.

Aunque es poco probable que este virus mute a un ser humano, nunca debemos descuidarnos con los virus y las bacterias. La protección es sencilla, tener una limpieza extrema en casa, cuidado con los perritos enfermos en casa y, como complemento importante, lavarse las manos con abundante agua y jabón.