¿Quién no ha visto alguna vez a un perrito paseando con su collar isabelino?

Sucede que después de que un perro ha sido sometido a una operación, querrá lamerse o rascarse las heridas. Para evitar el riesgo de infecciones o que se abran los puntos de la intervención quirúrgica es necesario colocarle un collar isabelino.
Es importante señalarle a los dueños que el isabelino no se debe sacar hasta que el médico veterinario lo indique, y esto será cuando el animal se recupere totalmente.

Las personas solemos pensar que nuestra mascota está sufriendo con este collar o que corre el riesgo de asfixiarse, pero no es así. Y es que al principio el perro parece desorientado pues al caminar se topa con las cosas que hay a su alrededor; esto sucede porque no calcula bien el espacio. Además se muestra fastidiado porque siente picazón en la herida y no se puede rascar. Y seguro que también se pondrá triste. Pero es preferible que esté decaído con este isabelino a que se le infecte la herida o que se le abran los puntos de la operación y se le tenga que coser de nuevo.

Hay personas que le sacan el collar para que el animalito “descanse” pero no es necesario hacerlo. Por ejemplo, cuando una persona se fractura la mano y está enyesada ¿acaso se saca el yeso para comer o dormir? No, ni siquiera lo hace para bañarse.

Nada de lo que prescribe el médico veterinario –collar isabelino, vendaje, bozal, clavos– se hace por fastidiar al animal sino porque quiere lo mejor para él y su pronta recuperación.