Desde que el gato “adoptó al hombre”, adoptó también una serie de costumbres tanto buenas como malas. Las más difíciles de erradicar y que más problemas le traen son la gula y la pereza.

A la clínica constantemente nos traen gatos que parecen corresponder a otros cuerpos. Muchas veces adquieren un gran volumen corporal, y no solo hablamos de felinos castrados, sino de algunos gatos enteros (así se les llama cuando no han sido operados) con obesidad mórbida.
Foto: Elsie esq.

En el 90% de los casos el problema es culpa de un miembro de la familia. Y es que si bien es cierto el gato come a la hora que quiere y lo que quiere, siempre hay alguien en la familia que lo alimenta con todo lo que el veterinario ha prohibido. Por ejemplo, quesos, pasteles, carnes grasas, etcétera. Y para empeorar la situación, el dueño no lo deja caminar pues lo lleva en brazos de un lado para el otro y hasta lo mantiene echado mientras ve televisión. He tenido el caso de un gatito que tomaba Coca Cola y comía galletas, tal cual su amo.

El gato es un felino casi perfecto, pero tiene que gastar energías y para eso tiene que ejercitarse, y esto lo hace cuando juega y camina. Si lo tenemos todo el día echado estaríamos ayudado a que en un futuro cercano presente una serie de enfermedades producto de la obesidad, como el asma, problemas cardíacos, articulares, y más.

Es necesario restringirle la comida y hacerle una dieta especial, además de obligarlo a caminar. El gato es juguetón por naturaleza, entonces puedes darle una pelotita amarrada a una liga en el extremo para que tú la jales constantemente y así lo hagas moverse en su intención de cazar la pelota.