En la Edad Media, unos cazadores franceses salieron de su país hacia Rusia en busca de morsas para utilizar su piel en prendas de vestir. Ellos viajaban en barcos, y como sabemos, desde la antigüedad las ratas siempre han sido tripulantes no gratas de estas embarcaciones.

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Cuando los franceses llegaron a Rusia encontraron que las morsas estaban muertas, entonces solo les quitaron la piel y partieron de regreso. En el camino se dieron con la ingrata sorpresa de que los tripulantes comenzaban a morir, y lo más curioso es que las ratas también.

Los síntomas que presentaban las personas eran: ganglios inflamados, fiebre muy alta, dolor de cabeza, escalofríos, etc. Todos llevaban la peste bubónica consigo. Cuando llegaron a Francia no los dejaron desembarcar por temor al contagio.

Previamente a esa época hubo a su vez una persecución hacia los gatos en toda Europa. Se quería eliminar la devoción que muchas personas sentían por una diosa egipcia (diosa de la prosperidad), mitad mujer y mitad gata. Se asoció a esta especie animal con el demonio. Entonces, con la muerte de miles de gatos, depredadores naturales de las ratas, la proliferación de estas aumentó.

Las ratas tenían pulgas y estas son las que diseminaron la peste bubónica. ¿Cómo así? Sucede que la peste bubónica es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Yersinia Pestis, que se contagia por las pulgas con la ayuda de la rata negra, que hoy conocemos como rata de campo. ¿Cómo llegó la enfermedad a tierra? Las ratas viajaban en barcos pero no se quedaban allí, sno que nadaban y llegaban a tierra firme.

Como los pobladores no sabían qué producía la peste, quemaban los cadáveres pensando que así eliminaban la enfermedad.

La peste bubónica fue controlada después de mucho tiempo, cuando ya había arrasado con tres cuartas partes de la humanidad.