Unas consultas comunes que recibimos en el consultorio son: ¿qué hago si mi perro me muerde? o ¿qué hacer si ataca a mis vecinos o a mi familia?
Foto: giumaiolini

Pues bien, si tu mascota hace esto es porque no la criaste bien y desde cachorro le permitiste este tipo de conducta. Intentar controlarlo a estas alturas es muy difícil y riesgoso, sobre todo cuando se trata de un perro al que le gusta morder y que ya ha atacado a miembros de la familia.

Muchas veces no le hace nada al dueño porque al considerarlo “alfa” saben que recibiría un castigo, pero a los demás sí los ataca pues se cree segundo en la jerarquía con derecho a morder a todos el resto de la “manada” (familia).

Entendamos una cosa: el perro que muerde no es bueno. Si no conseguimos un adiestrador que pueda controlarlo, y si las posibilidades de que nosotros mismos lo podamos hacer son nulas, entonces habrá que eliminarlo. No podemos permitir que un perro ataque a un niño y lo desfigure, o que agreda a una persona que después deba ser intervenida en cirugía. No arriesguemos a nuestros familiares por el cariño que le tengamos a una mascota. Todo tiene un límite y en esto no hay justificación.

Un perro que ataca va a seguir haciéndolo y no importa de qué raza sea o si es cruzado, puede ser incluso un animal de tamaño pequeño.

Pero eso sí, diferenciemos a los perros que atacan de los renegones crónicos a los cuales debemos controlar. Ejemplo de esto es aquella mascota que gruñe cuando está comiendo y alguien se le acerca.

Cuando uno tiene una mascota quiere una alegría y compañía pero no un dolor de cabeza.