El gato es una de las especies animales cuya sexualidad es más palpable y demandante. El macho –sin importarle la distancia- busca una hembra para cruzarse, y la gata espera a que la pisen. Ambos no se quedan tranquilos hasta que se dé el apareamiento.Algunos riesgos de esta situación son: contraer alguna enfermedad venérea, extravío del gato al salir en la búsqueda de una hembra en celo y sufrir algún tipo de accidente o pelea con otro macho.

Si usted tiene un gato o gata en casa y no espera que su mascota tenga gatitos, se recomienda la esterilización.

La esterilización es recomendable en edades tempranas. Tres meses de edad en el caso del macho y un promedio de seis meses en la hembra. Si pasa de este tiempo se habrá dado el primer celo, que es cuando la gata comienza a tener comportamientos extraños y a maullar intensamente para atraer a los gatos machos; y en el caso de los machos cuando empiezan a tener descargas hormonales que los lleva a querer salir a los techos para encontrar hembras y aparearse. Una vez que inicia esta búsqueda, así se le haya castrado, es muy probable que el gato siga escapando a los techos para hallar a su pareja.

Es importante que usted sepa que la castración no significa un daño para su animal o que su calidad de vida se verá afectada. Por el contrario, al ser una mascota casera no tendrá motivos para escapar de su hogar cada cierto tiempo, no marcará su territorio (orinando en todas las esquinas) y tendrá una mejor condición de vida pues no participará en la pelea de gatos. Además, los machos no castrados normalmente son más mansos.

La castración consiste en retirarle los testículos mediante una sencilla intervención quirúrgica; con la histerectomía se extraen los ovarios de la gata. Ambas son operaciones muy sencillas, de rutina, con duración promedio de una hora. El tiempo en que el animal debe recuperarse es de tres días. El tratamiento se basa en antibióticos y la supervisión del veterinario durante los primeros tres días.