Cada cierto tiempo, vemos a nuestras autoridades hacer una redada en el Jr. Ayacucho (centro de Lima), donde se ejerce la venta de animales menores y silvestres.
Foto: Archivo El Comercio

En ese lugar, además de comercializar perros y gatos, entre otros animales, se vende libremente especies silvestres o en vías de extinción como iguanas, monos, boas, cocodrilos y aves silvestres.

El problema no está en recuperar a esos animales que con seguridad se encuentran enfermos, sino en sancionar a aquellas personas que trafican con ellos y no reciben ninguna pena por este mal ejercicio.

Además, hay gente de buen corazón que adquiere estos animales porque considera que los podrá domesticar, pero no es así. Cuando el animal crezca, la persona o familia adoptiva tendrá un gran problema en casa y en casos extremos alguna enfermedad. Y así, muchas veces encuentran como solución, abandonar estas especies en parques y jardines.

Una propuesta que queremos brindar es realizar una agresiva campaña de concientización dirigida a la población para que no compre estos animales silvestres, que sufren desde el momento en que son atrapados.

Solo como ejemplo le explicaremos que los monos son cazados de una manera tan cruel que para capturar uno pequeño de poco tiempo de nacido, matan a la familia completa. Por cada mono capturado hay seis u ocho asesinados. Y lo mismo sucede con otras especies.

Los animales silvestres deben permanecer en su hábitat natural pues una vez que son traídos a Lima no solo el clima les afecta, sino también la comida, el ánimo y todo en general. Y es lógico pues cambian a un espacio que no les pertenece y que en la mayoría de casos acabará con sus vidas.