Mi Bafi era una gran danés, enorme y preciosa, y tuve la suerte de tenerla a mi lado durante 12 años
Siempre quise tener un gran danés, pues cuando era niño mi mamá tenía dos perros de esta raza. Estos vivían en la Hacienda Cahuachi, en Nasca. Por su gran tamaño era importante darles un amplio espacio donde poder moverse. Yo solo los veía durante las vacaciones.

Disfruté de los dos perros de mi madre, pero siempre quise uno mío, hasta que ya adulto me regalaron a Bafi. Fue como un sueño hecho realidad.

Cuando yo me sentaba en el comedor, Bafi se sentaba a mi costado y su cabeza llegaba a la altura de la mía. Era grande de tamaño, pero para nada tosca. En cambio era delicada y noble.

Mis nietas la montaban como si fuera un caballo y ella nunca les soltó ni un solo gruñido. Y es que así es el gran danés, por ello siempre será considerado el “principe de los perros” (en el caso de Bafi, princesa) por su elegancia y postura.

Es una raza noble y aunque los años pasen, su carácter seguirá siendo el de un cachorro, pero de gran tamaño.

Su alimentación es normal, es decir, se le debe dar alimento concentrado solo que en mayor cantidad. Llega a pesar hasta 100 kilos (el peso del gran danés “George”, el perro más grande del mundo, el cual mide más de dos metros de largo y pesa más de 100 kilogramos).

El gran danés es un animal celoso de la gente extraña, pues siempre está atento a si algún desconocido se aproxima a “su manada”.

Desgraciadamente, los canes de razas de gran tamaño sufren recurrentemente de problemas en las articulaciones y por esta razón tienes un periodo de vida corto: entre 8 y 12 años.

Lamentablemente, en sus últimos meses de vida, Bafi tuvo muchos dolores provocados por la artrosis que padecía.

Bafi falleció a los 12 años de edad, pero me dejó muchas lecciones de amor y lealtad.