El uso de los pirotécnicos es algo netamente humano, primitivo y peligroso. En muchos países civilizados la manipulación de estos productos está totalmente prohibida, y si se utilizan fuegos artificiales en alguna celebración, estos son controlados por especialistas. No cualquier persona los puede manipular ni hacer explotar. Ya sabemos de los accidentes que ocasionan en las personas, como la pérdida de dedos, por ejemplo.

Pero el problema no se reduce a los humanos, sino que también afecta a los animales. En el caso de las mascotas, básicamente perros y gatos, su principal órgano afectado es el oído. Ambas especies tienen este sentido mucho más fino y desarrollado que el nuestro, por lo cual captan más sonidos que el del ser humano, y con las detonaciones su oído se ve afectado.

Otras consecuencias son que el animal pierde el control, se pone nervioso o escapa de casa debido al susto. Además, debido al estrés puede sentirse amenazado y por querer defenderse, muerde. Todo esto ya es un problema. Y estamos hablando solo de animales domésticos, pero ampliemos más y consideremos a nuestra fauna, que habitan en las ciudades.

Cuando detonan los explosivos, las palomas, pájaros y demás aves abandonan los árboles e incluso sus nidos. Con esto también dejan a sus pichones, y muchas veces no regresan a ellos porque se desorientan. Las aves no pueden ver de noche.

La manipulación de los pirotécnicos es peligrosa y evitar su uso es un tema de educación.

Si uno quiere divertirse, debe hacerlo sin afectar a las demás personas ni a las demás especies. Hay explosivos como la rata blanca y el rascapiés que no siempre detonan y quedan en el suelo o en los jardines. Los animales y también los niños lo comen causándoles daños renales irreversibles.