Crédito: Celia Shapiro

Crédito: Celia Shapiro

De niños, muchos sueñan -igual que nosotros cuando éramos pequeños- con recibir una mascota de regalo de Navidad. La ilusión de tener al compañero fiel al lado es muy fuerte en la niñez.

Antes de decidir complacer a nuestros hijos, lo primero es entender que no estamos hablando de comprar un juguete, sino de adoptar a un animalito que siente, tiene miedos, alegrías, necesidades, demandas de cariño, atención y cuidados por parte de nosotros.

Si tienes un hijo muy pequeño, no podrás darle tamaña responsabilidad. Pero, si tiene más de 10 años es una buena edad para que adopte una mascota.

Los padres deben ser conscientes que los hijos requerirán de su supervisión y cuidado. No se trata de dejar a los hijos al cuidado total de la mascota.

¿Qué hacer entonces?

Tomen la decisión en conjunto, padre e hijos. Asígnense roles y comprométanse a asumir responsabilidades. Aun con todos estos acuerdos, el dueño es quien debe responsabilizarse de la mayoría de tareas fijas como son: sacarlo a pasear, ocuparse de su aseo, alimentarlo, etc. Pero está bien si recibe ayuda de los hermanos, o incluso, de los mismos padres.

Los padres tienen que supervisar al niño y la relación que tiene con la mascota, pues por lo mismo que se trata de un pequeño no medirá sus actos y así como habrá ternura también habrá algo de brusquedad en sus juegos. Oriéntelo a tratar a su mascota con paciencia y cariño.

A los hijos hay que explicarles que se trata de un ser vivo al que se le debe tratar con responsabilidad y amor.

Lo más importante es reconocer que se quiere y se puede asumir el cuidado de una mascota. Los adultos deben asignar un presupuesto para el cuidado de la mascota. Y es mejor hacer números antes de adoptar al animalito.

Lo que no debe suceder es lo que pasa en algunos casos, que los padres reconocen que no pueden hacerse cargo de esta mascota porque no tienen el lugar adecuado ni paciencia para su cuidado.