Crédito: Jade

Crédito: Jade

Cuenta la leyenda que hace unos diez mil años, un grupo de cazadores salió a buscar alimento y en su recorrido encontró un cachorro de lobo. Uno de ellos lo tomó, pero se dio cuenta de que el animal era muy pequeño para servir de alimento así que decidió engordarlo. Es así que lo llevaron a su cueva, donde la mujer de la casa le dio comida. Con el tiempo, el lobezno se encariñó con los seres humanos y sobre todo con los niños.

Cuando los cazadores quisieron comerse al animal ya era muy tarde.  Lo querían como parte de la familia. De ahí en adelante los lobos se fueron convirtiendo en perros, pero con las características que les dio el ser humano, y a la fecha es considerado el matrimonio entre dos especies más largo de la historia.

Este lobo ayudaba de diferentes formas al ser humano: cuidaba su sueño, lo protegía del ataque de otras fieras y lo ayudaba a cazar. El ser humano, con el paso de las años, fue buscando determinadas características, las que mediante cruces se fueron fijando. Así tenemos que de una misma especie apareció un chihuahua con un peso máximo de cinco kilos, hasta un mastín con 70 kilos de peso; un bulldog con una cabeza desproporcionada hasta un afgano peludo con figura  delgada.

Como vemos, hay perros de diferentes razas y con distintos tipos de habilidades: cazadores, de compañía, guías para personas discapacitadas, detectores de explosivos o drogas, entre otras capacidades que aprenden para ser de mucha ayuda para los humanos.

Según las creencias chinas, el perro simboliza el compromiso y la lealtad hacia el prójimo.