[Escrito el 29 de enero del 2019]

Uno de los mayores temores de un marino que navega por la Antártida es la presencia de icebers. Hay en el BAP Carrasco un sistema de radades que capta con altísima precisión a qué distancia están y qué dimensiones tienen estos bloques de hielo que se desplazan a la deriva en el mar. El Titanic se hundió hace poco más de un siglo porque impactó con uno de estos gigantes congelados. Si el Carrasco llegase a chocar con uno [y la emergencia se sale de control] lo más probable es que la tripulación y nosotros, estudiosos y periodistas rumbo a la Antártida, debamos abandonar el buque. Adiós calefacción, adiós baño que se seca solo, adiós wi-fi.

Desde el puente de comando, un marino habla por los altoparlantes:

-Este es un ejercicio. ¡Zafarrancho de abandono de buque!

¡Buuuuuuuuuuuuuu…! ¡Buuuuuuuuuuuuuu…! ¡Buuuuuuuuuuuuuu…!

Es el pito y sirena.

Es el estruendo de los buques comunicándose.

Es también el estruendo de un buque en emergencia.

Un grupo de marinos con chalecos salvavidas se desplaza hasta la cubierta en la proa. El comandante del buque, el capitán de navío Rafael Benavente, aparece a darles instrucciones.

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En otro lado, la tripulantes y civiles aceleramos el paso hacia los botes salvavidas. Nos dan chalecos verdes que debemos llevar en la mano. Para entrar a la barca, bajo unos escalones de terror: podría terminar en el mar si doy un mal paso.

El BAP Carrasco tiene dos botes salvavidas encapsulados y a motor. Cada uno cuenta con una capacidad para rescatar a 46 personas, y suficientes raciones de comida y material de supervivencia para cinco días. En estos botes, el espacio es reducido: la distancia entre cuerpo y cuerpo es mínima. Las piernas, los brazos, las rodillas chocan una con otra. Sería –explica el capitán de coberta Rafael Vizcarra­– el único sistema de calefacción para enfrentarnos al frío en altamar.

En la cápsula flotante los marinos y civiles están serenos, tranquilos, hasta se gastan algunas bromas. Es que no es una emergencia; es un zafarrancho.

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***

Otra vez las sirenas.

Otra vez un marino por los altoparlantes:

-Esto es un ejercicio. ¡Zafarrancho de incendio en la cocina!

Dos marinos corren hacia unas gavetas en la primera cubierta. Ahí están los trajes para el fuego, los equipos de respiración y las linternas. Corren listos a la cocina.

zafarrancho 6En el lugar, ya hay un marino con la manguera de agua lista, otro con una camilla, otro con un extintor, otro con un hacha, otro con una radio en comunicación con el puente de comando. Los del traje entran, sacan entre los dos a un herido (el periodista de ATV Juan Carlos Gambini) y otros marinos lo conducen en una camilla a la Enfermería.

Los del traje vuelven a entrar, hacen como que echan agua, se agachan para que las lenguas ficticias de fuego no los alcancen, lanzan algunos gritos, piden que todos retrocedan unos pasos.

Es un zafarrancho impecable.

Es –felizmente– un zafarrancho.