¡Ballena! ¡Ballena!

Y en el mar aparece el lomo húmedo de una enorme bestia.

Avanza con la cabeza hundida en el agua. Todos vemos una aleta dorsal negra desplazándose a lo lejos. Y desaparece. Todos en la cubierta del buque están felices. Todos –sin excepción– se quedan mirando el mar. ballena 1 ¡Shiuuuuuf! Sale a respirar una ballena, de las jorobadas. Es una sorpresiva erupción de agua en el mar. Y otra vez el lomo desplazándose mientras toma aire y se alista para volver al mar con su siguiente acrobacia. Hunde el cuerpo hacia las profundidades y entonces ocurre el momento de mayor gloria para los marinos y los investigadores a bordo: la cola del enorme cetáceo sale a la superficie y hace un movimiento cautivador antes de volver a sumergirse y perderse de nuevo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Su coooola! Todos –sin excepción- boquiabiertos.

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Ya no sé cuántas ballenas he visto en este viaje a la Antártida. Mi primer avistamiento ocurrió el 30 de enero del 2019, a eso del mediodía, en la ensenada Mackellar (bahía Almirantazgo, Isla Rey Jorge). Bien a lo lejos, con el glaciar Domeyko detrás, vi una cola bailando. Pasé toda una noche en la base Machu Picchu y volví al buque al día siguiente. Los marinos del BAP Carrasco, una parte de los investigadores de esta XXVI Campaña Científica del Perú en la Antártida y los periodistas partimos hacia el estrecho de Bransfield, una zona del mar antártico que está a tres horas navegando o a 15 minutos en helicóptero desde la estación Machu Picchu. Íbamos rumbo un espectáculo. ballenas 11

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Las ballenas jorobadas son cetáceos que puede llegar a medir hasta 14 metros de largo y pesar hasta 40 toneladas. Están entre las ballenas más grandes del mundo. A diferencia de las orcas y otros cetáceos que tienen dientes (y comen peces, pingüinos, focas y pequeños leones marinos), las jorobadas tienen unas barbas que les permiten filtrar el alimento. Comen esencialmente krill, un crustáceo del mar antártico. Para aparearse y alumbrar a sus crías, los machos y las hembras migran hacia la línea ecuatorial en busca de aguas más cálidas y tranquilas. En Piura, al norte del Perú, hay embarcaciones que llevan a los turistas  hasta altamar para observarlas. ­ Constanza Ricaurte Villota, bióloga y oceanógrafa del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de Colombia, me explica que estas ballenas son muy curiosas y que por lo general si hay dos juntas son cría y madre. –Las ballenas son la cosa más bonita que ves en los océanos. Son grandes y apacibles. Constanza mira hacia el mar como esperando que aparezca una.

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¿Cómo pudimos matarlas tanto? La grasa de ballena fue el combustible del pasado. Con esa grasa que le permite soportar las bajas temperaturas del mar antártico, se fabricaban velas y se prendían lámparas para iluminar las ciudades. Hace unos años, una empresa ballenera en Islandia dijo que estaba mezclando aceite de ballena con petróleo marino para mover sus embarcaciones de caza. Un absurdo: movemos barcos para buscar grasa de ballena para seguir moviendo barcos que buscan grasa de ballena. Los primeros exploradores de la Antártida llegaron hasta estas heladas tierras en busca de cetáceos. Así las hemos ido matando hasta nuestros días.  En la bahía Fildes (Isla Rey Jorge), donde están las bases chilenas Escudero y Frei, aún hay antiguos contenedores de grasa de ballena que ya no se usan. Se estima que durante el siglo XX matamos más de 370 mil ballenas azules. Nos dimos  cuenta, en algún momento, de que la población de ballenas había disminuido dramáticamente por la caza indiscriminada. La mayoría de países en el mundo prohibieron esta actividad. La mayoría; no todos. Hay algunas naciones en Asia que siguen avalando esta matanza industrial para fabricar fijadores de perfumes, cosméticos, lápices labiales, hormonas, vitamina A y también para comerse su carne. En la década de 1980, Roberto Carlos compuso la canción Ballenas:

 Cómo es posible

que soporte tu conciencia
Mirar los ojos de quien muere frente a ti Y ver al mar 
que se debate suplicante
Y hasta sentirte un vencedor
en ese instante.
 
No es posible
que en el fondo de tu pecho Tu corazón no tenga lágrimas guardadas Que derramar
sobre ese rojo derramado En esas aguas que has dejado tu manchadas
 
Tus nietos te preguntarán
qué es lo que sabes De las ballenas que cruzaban
viejos mares Que las vieron en los libros
o en imágenes de archivo De un programa vespertino de televisión
 
Responderás con el silencio de tu boca
Recordarás batiendo el mar con furia loca Con la cola expuesta al viento
en sus últimos momentos Tu recuerdo es un trofeo
en forma de arpón 

Los cazadores de ballenas aún navegan en los mares de la Tierra. Si alguna vez nos preocupó la conservación del medio ambiente, pues he aquí uno de nuestros más grandes fracasos.

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El capitán de corbeta David Luna, jefe de Logística del BAP Carrasco, observaba atento el mar desde el puente de comando.

¡Mira! ¡Mira! ¡Ballena! Corro hacia la vitral y, por primera vez, veo una completa. Toda: Desde la cola a la cabeza. Hasta ese momento apenas había logrado ver o bien una cola hundiéndose en el mar o un lomo mojado atravesando las aguas. Salgo del puente de comando. Camino por un estrecho pasadizo al aire libre. Solo unos fierros congelados que dan hasta mi cintura evitan que caiga al mar. Desde aquí, son más de 20 metros de altura. Me siento en una esquina, alisto la cámara, apunto hacia el mar y espero. Espero que las ballenas aparezcan. Pero no solo que aparezcan. Deben hacerlo justo debajo de mí. ¿Por qué tendrían que aparecer justo donde las quiero si tienen todo el mar para ellas? Pasan 15 minutos… Pasan 25 minutos… El aire está muy frío. Vamos a cero grados. Las ideas me ganan. ¿Y si por esperarlas caigo al mar? Todo el tiempo los marinos te repiten que bastan cinco minutos en estas aguas para morir de hipotermia. El chaleco salvavidas que  nos dan es, básicamente, para facilitar el rescate del cuerpo. Y comienzo a sentir terror. Trato de conservar la calma. Entonces, reviso algunas fotografías que hice temprano: un pingüino brincando en el mar. Sale disparado del agua y vuelve al mar con el pico hacia abajo. Y lo hizo varias veces. pingüino saltando ¡Shiuuuuuf! ¡Shiuuuuuuuuuuf! ¡Son dos ballenas! Están aquí, abajo, muy pegadas al buque, justo donde las quería. Han sacado solo sus cabezas mojadas. Ahora, se están moviendo, se sumergen. Sacan el lomo. Pero desde aquí arriba ya no solo les veo la aleta dorsal, ya no solo les veo la cola bailando. Veo dos ballenas completas Sus aletas pectorales están desplegadas bajo el agua. Juegan juntas cerca del buque. Las veo. Las veo. dos ballenas