Trabajando desde hace años con personas recientemente desempleadas o en proceso de recolocación, he aprendido que hay quienes no caen en la trampa de la desesperanza por más sombrío que pueda presentárseles el horizonte. Personas que, en vez de lamentarse, de aceptar el pesimismo que los rodea, de asumir actitudes de víctima o de encontrar excusas para no actuar, se ponen metas altas y hacen planes que ejecutan con esfuerzo y tenacidad.

He aprendido que los que consiguen sus objetivos, recolocándose o poniendo exitosos negocios, son quienes lograron cambiar su actitud ante la realidad que les tocó, son personas capaces de volver a confiar en el futuro y en sí mismos; son los que se atrevieron a volver a soñar.Muchos de los exitosos también se abaten inicialmente al creer perdido su sueño personal, pero luego descubren que son capaces de crearse uno nuevo. Comprenden que la realidad deseada nace de una actitud emprendedora, de planes y acciones concretas y, sobre todo, de saber que lograr sus metas depende de ellos mismos. Son luchadores que saben que cada uno define su futuro empezando por imaginarlo y creer en él.

Haciendo un análisis similar, hoy me preocupa pensar que los peruanos podemos haber perdido la capacidad de confiar en nuestro futuro como país. Comprendo que muchos estén desmoralizados, pesimistas y casi listos a tirar la toalla. Quizá no quieren o no pueden ver los valores que hacen de muchos peruanos personas altamente satisfechas, competitivas y exitosas, luchadores íntegros y apasionados por lo que hacen. Quizá no pueden o no quieren reconocer que en nuestro país hay muchos en quienes se puede confiar, peruanos para quienes la ética es un valor que ponen en práctica a cada momento. Que existen peruanos que conocen el poder de cambiar la realidad y de soñar (también se le dice visión), y lo hacen.

Creo que corremos el riesgo de no poder soñar más un Perú mejor para todos y, por ende, de no hacer realidad lo que esperamos e incluso demandamos.

Quizá nos debemos un cambio de actitud personal y colectiva para poder ver lo bueno que existe en nuestro país, recuperar la autoestima nacional y crearnos una esperanza colectiva. Volver a aspirar a ser un país exitoso y tener claro ese sueño común sin abandonarnos al desánimo, sin entregar el Perú a los que lo creen inviable o a aquellos que lo sabotean impunemente. ¡Quizá para mejorar nuestro destino, cambiar el rumbo de las cosas y alcanzar nuestras metas individuales y colectivas, tengamos que poder volver a soñarlo!

Me atrevería entonces a proponer soñar que nuestro país pueda ser el lugar donde todos queramos y podamos vivir dignamente, creyendo en su futuro y viabilidad. Soñar con un gran país, justo y con oportunidades para todos los que trabajamos con integridad y honestidad. Propongo atrevernos a soñar tener éxito, aceptando al éxito personal como un valor nacional. Propongo mantener el espíritu en alto y seguir soñando que mañana será mejor que hoy para el Perú. ¡No le perdamos la fe!