Mucha gente asocia el éxito con las expectativas que otros tienen sobre nosotros o, peor aun, con estereotipos impuestos por diversas culturas y sociedades. Se establecen parámetros sociales: dinero, fama, riqueza, poder, popularidad, contactos y relaciones; y para muchos es impensable considerar a alguien exitoso si no tiene varios de estos ‘atributos’.

Y claro, siendo esto tan externo y material, puede despertar desconfianza -cuando no envidia- en quienes no lo tienen. El éxito, sin embargo, para muchos es algo muy personal y no necesita de la aprobación de nadie.

El éxito está directamente vinculado a los valores, prioridades y expectativas personales de cada quien y, por tanto, no necesita reconocimientos externos para validarlo y, mucho menos, disfrutarlo. Es más, la íntima experiencia del éxito personal no requiere audiencia ni aprobación alguna, salvo la compañía sonriente de quienes nos quieren de verdad.En nuestro país se desconfía de los exitosos. Se piensa que lo son a costa de otros, que si tienen éxito es porque lo tomaron. Se asume que el éxito de algunos es la pérdida o el fracaso de otros en relación directa. Es como si la ‘torta’ fuera de un solo tamaño: quien come más está quitando a otros su parte.

En otros casos, el exitoso es quien ‘desarma’ el paradigma de fracaso común. Es decir, si una persona pudo lograr sus metas, el resto se queda sin excusa para justificar su falta de logros y satisfacción. Quizá por eso muchos peruanos exitosos y reconocidos -incluso internacionalmente- son agredidos por quienes no aceptan reconocer sus méritos ni tienen la generosidad para validar a otros sin sentirse disminuidos. A esos exitosos se los juzga y analiza sin piedad, casi como si fueran culpables de serlo. Incluso se malinterpreta a quienes reconocen y celebran abiertamente el éxito ajeno: es mejor mantener la cabeza baja para evitar las decapitaciones.

En culturas más ‘meritocráticas’, sin embargo, al exitoso se lo celebra, admira e imita. Se lo percibe como el que logró algo que potencialmente todos podemos lograr. Creo firmemente que todos tenemos la responsabilidad personal de aspirar al éxito y atrevernos a tenerlo, pero en nuestros propios términos; cada quien según su medida, responsabilidades, expectativas y valores personales. Eso es integridad personal, ser consecuente y leal con uno mismo, aunque no le guste a algunos el que no vivamos para complacerlos.

Fomentar una cultura del éxito personal y nacional es hoy un reto que muchas instituciones (entre ellas OWIT Perú, la organización de mujeres de empresa) están tratando de desarrollar. La tarea es crear nuevos paradigmas de éxito en nuestro país sin temor a la crítica o la descalificación automática de quienes aún se aferran al antiguo paradigma.

Hoy es vital contribuir a crear una cultura que reconozca nuestro derecho a alcanzar un futuro mejor, legitimizando y reconociendo el éxito como un valor, sin culpa ni disculpa. Todos tenemos hoy el reto y la responsabilidad de contribuir a liderar este cambio cultural en el Perú, y colaborar así con su desarrollo. ¡Los peruanos tenemos el derecho de atrevernos a tener éxito!