En el mundo del trabajo estamos acostumbrados a que nos pongan metas. En función del cumplimiento de estas nos evalúan, premian o promueven. Muchas veces son muy exigentes -y a veces nos suenan irrealistas o hasta imposibles- pero igual hacemos el esfuerzo para cumplirlas. Lo interesante es que casi siempre las cumplimos. Estamos “programados” para cumplir lo planeado.

Sin embargo, en nuestro mundo personal no siempre funcionamos así. Nada tan preciso como el dicho: “La mayoría de la gente no le apunta a nada en la vida y acierta con increíble puntería”.Y lo vemos a diario: personas que caminan por la vida sin planes ni expectativas, sin definir sus ambiciones, que se conforman con lo que la vida les da. Viven sin retos personales. No se plantean grandes exigencias ni se admiten a sí mismas con grandes ambiciones y, por tanto, obtienen casi nada o en todo caso solo resultados muy poco satisfactorios.

Por eso de ser “realista” se ponen todas las excusas por delante para no hacer ni escribir sus planes de vida y creen que es razonable no adelantarse mucho a planear el futuro. Igual esperan que se les ayude, pero ni ellas mismas han podido pensar claramente lo que quieren ser, dar o tener. Sin embargo, luego se quejan amargamente cuando las cosas les salen bien a otros y a ellos no. Ya lo decía Séneca: “Si uno no sabe hacia qué puerto navega, ningún viento le será favorable”.

Así, la clásica pregunta “¿dónde quieres estar en 5, 10 o 15 años?” tiene un significado más profundo de lo esperado: ¿sabes realmente dónde esperas estar?

Es allí donde su plan estratégico personal o plan de vida se vuelve tan importante para definir con claridad: “qué quiero hacer, quién quiero ser, a dónde quiero llegar y qué “precio” estoy dispuesto a pagar”. Para analizar y definir “hacia dónde voy, qué necesito aprender y qué debo lograr para llegar allí”.

¿Cuántos de nosotros tenemos por escrito este “mapa” de a dónde queremos llegar, cómo y cuándo, para cada uno de nuestros roles de profesionales, padres o madres y miembros de la comunidad? ¿Cuántos de nosotros revisamos este plan cuando menos semestralmente para medir nuestros avances?

Y lo mismo para nuestro país: ¿qué queremos ser, a dónde queremos llegar?, ¿nos conformaremos con poco, por ser “realistas”? Hoy tenemos la oportunidad y la obligación de ponernos metas muy altas como nación ¿por qué no? ¿Por qué no visualizar un Perú bueno y con oportunidades para todos? ¿Por qué no ser más ambiciosos con lo que esperamos de nuestro país? El verlo así, con claridad e ilusión en nuestra mente colectiva, nos marcará el camino para lograrlo.

La mejor noticia que uno puede recibir de alguien a quien aprecia es que esta persona se ha atrevido a hurgar en el futuro y se ha propuesto hacer realidad lo que vio, que espera mucho de la vida y que ha descubierto que en su futuro están todas las oportunidades listas para ser tomadas. Que se atreve a soñarse a sí mismo teniendo éxito y cumpliendo sus metas. ¡Que ha decidido diseñar su vida muy por encima de su realidad actual! Que ha comprendido que el foco en la vida no es encontrarse a uno mismo, ¡es crearse a uno mismo!