Cuando preparaba una presentación sobre redes de confianza, mencioné un concepto clave para mí: “complicidad positiva”… y se armó el barullo: “¿Cómo vas a decir eso públicamente? Te van a malinterpretar pensando que avalas cosas indebidas”, me dijeron. Creo que, para muchos, la palabra complicidad recuerda conceptos de asociatividad para delinquir o hacer algo incorrecto.

Sin embargo, para mí la “complicidad positiva” es la actitud consciente de “ponerse del mismo lado del escritorio” de quien tenemos al frente, tratándolo como deseamos que nos traten y al mismo nivel. Es la importantísima habilidad de generar empatía para cooperar amistosamente con otros, tratándolos con familiaridad y sencillez.

“Complicidad positiva” logramos cuando somos capaces de reconocer a todos como a nuestros iguales, sin diferencias de “rango” y sin ponernos por encima o debajo de nadie. Es tratar a todas las personas con las que nos relacionamos con respetuosa confianza y sin barreras mentales que condicionen nuestra cercanía. Soy coach de un brillante ejecutivo que es igualmente agradable, respetuoso y cortés cuando habla con el portero que lo recibe que con el presidente de la empresa con la que se reunirá. Lo es genuinamente, no por ser “político” o por quedar bien. Lo hace porque valora y respeta al otro auténticamente.

Obviamente, este ejecutivo es admirado y respetado. Su “complicidad positiva” no solo le genera gran popularidad a donde va, sino que es querido por su sencillez y carisma. Esa actitud habla mucho de su seguridad en sí mismo.

Por el contrario, los inseguros o arrogantes necesitan acudir a su “estatus” para marcar su “superioridad” frente a otros. Creen, erradamente, que tratar a todos como a sus iguales les resta “autoridad” o prestigio. Creen que impresionando a otros con lo que son o tienen lograrán aceptación y aprobación. ¡Todo lo contrario! Quienes tratan a las personas con respeto son los primeros en obtener respeto. Es claro que a mayor desarrollo mental y emocional, mayor la capacidad de relacionarse positivamente con gente de diversos sectores, culturas, costumbres o educación.

La actitud de establecer la “complicidad positiva” es cada vez más importante para el liderazgo, en los negocios y la vida en general. En una realidad que valora cada vez más la integridad de las personas, la inteligencia emocional y la capacidad de establecer relaciones sin importar el origen o estatus, es un factor diferenciador muy importante.

Los peruanos, tan cálidos para muchas cosas, somos a veces algo tacaños a la hora de aprobar a los demás, sobre todo si los vemos “distintos” a nosotros. Asumimos viejos roles que nos hacen pensar que cada quien tiene “su lugar” y levantamos barreras entre nosotros. Nos fijamos más en las diferencias que en lo que nos une, que es tanto.

Sería bueno que como peruanos nos propusiéramos por fin asumir una “complicidad positiva” entre nosotros, integrándonos en nuestra diversidad. ¿Acaso no estamos todos del mismo lado en nuestro afán de que el Perú crezca y se desarrolle brindando más oportunidades para todos? El gran reto de la inclusión empieza en cada uno de nosotros y en nuestra voluntad de aceptar y respetar al otro como a nuestro igual.