Los años de experiencia de un trabajador en su empresa fueron considerados, durante muchos años, bienes de incalculable valor, llaves de seguridad que lo mantenían en su puesto, inalterable, por los años de los años. Hoy en día, sin embargo, nada ni nadie puede garantizarnos un puesto seguro: ni el más trabajador, ni el mejor conectado está libre de quedarse sin trabajo en cualquier momento. Las empresas cambian de estrategias y objetivos, de perfiles para los puestos o de accionistas y dueños con tanta frecuencia que ni el más capaz puede asegurar que el próximo año tendrá la misma posición.

La “seguridad” se basa hoy en la calidad del trabajo, en la capacidad para adaptarse a los cambios e incluso de adelantarse a ellos, en la capacitación constante y en los deseos de hacer las cosas bien. Por tanto, manejar nuestra carrera como si fuera nuestro mejor negocio propio es la mejor manera (y única) de estar “seguros”, es decir, de mantenernos empleables. ¡Es convertirnos en empresarios de nuestra carrera!¿Qué nos hace más empleables? Primero la performance, es decir la capacidad de agregar valor y de desarrollar las competencias requeridas para encontrar o mantener un espacio de contribución profesional cuando y donde es necesario. Y tener muy claro cuál es el valor que aportamos, cuál es la contribución al resultado que damos, cuáles son los logros que vamos generando. La clave es, cada noche al salir de la oficina, tener muy claro qué valor agregamos para cumplir la misión ese día, qué hemos aprendido y qué hemos logrado. Hacerlo del mismo modo que lo haría un vendedor de servicios, que se mide por resultados y no el tiempo que pasó en las calles. ¡Contribuir es la clave! Además, nos pagan por generar resultados, no por ir a trabajar…..y si no aportamos, estamos engañando a alguien… Es importante medir esos resultados y aportes cada mes y tener un claro resumen anual (el que se introduce en nuestro siempre vigente currículo vitae)

Desarrollar permanentemente nuevas habilidades es fundamental. Evaluar nuestras competencias e indagar sobre lo que necesita el mercado es clave para crecer. El mercado no es un ente estático, sino que sufre constantes cambios, a los cuales hay que estar atentos para no rezagarse. Es importante trazarse un plan de desarrollo permanente y reinventarnos a nosotros mismos, evitando caer en la trampa del éxito.

En la era de la globalización, todo profesional debe pensar que el patrón de referencia con que se le mide se encuentra en el mercado internacional. Si no estamos bien preparados, corremos el riesgo de que nos hagan a un lado, porque nadie puede vender un producto que no está vigente. Del mismo modo, un profesional que no se ha preocupado por mantenerse actualizado se queda totalmente al margen, nadie lo contrata. En este sentido, el perfeccionamiento y la capacitación son las llaves para abrirnos las puertas del conocimiento. Hace unos años se creía que el entrenamiento y la capacitación eran responsabilidad exclusiva del empleador, hoy se sabe que la responsabilidad principal recae sobre el empleado. Es uno el responsable de su empleabilidad, no la empresa.

La capacidad de adaptarse a los cambios es vital. Pero muchas veces, en ambientes donde hay mucha incertidumbre, algunas personas creen que se afianzan rechazando los cambios, cuando en realidad lo único que logran es poner en riesgo su trabajo. Los cambios sirven generalmente para mejorar la productividad en las empresas; no hay que negarse a ellos, sino tratar de adaptarse lo más rápido posible. Eso, obviamente en la medida que los cambios estén alineados con nuestra ética y misión y valores personales. Hay que ser flexibles y adaptables: los cambios, si logramos verlos positivamente, traen muchas veces interesantes posibilidades de desarrollo.

Nuestra actitud para comprender el mercado laboral, para contribuir, para aprender y cambiar, será clave para nuestra real empleabilidad.