Imagínese que está en un vuelo tranquilo leyendo su revista. De pronto, el avión comienza a moverse bruscamente. Se enciende la señal para abrocharse los cinturones, pero el piloto no dice nada. Los pasajeros, nerviosos, comienzan a expresar sus temores en voz alta y eso contribuye a que todos se asusten más.

Ahora, imagínese la misma situación, con una diferencia: apenas se enciende la señal para abrocharse los cinturones, escucha la calmada voz del capitán explicando las razones de la turbulencia y afirmando que esta durará unos minutos más, hasta alcanzar nuevamente cielos claros. Todos se tranquilizan: quien está al mando sabe lo que hace y tiene la situación bajo control.En estos días de crisis internacional, la incertidumbre nos invadió haciendo difícil que nos concentremos en nuestros trabajos. Muchos recurrimos a expertos para tratar de poner las cosas en perspectiva y actuar positivamente. Creo que todos confirmamos en carne propia esa verdad que dice que ante la incertidumbre las personas empleamos más del 30% de nuestro tiempo en pensar en lo que va pasar y en cómo los cambios afectarán nuestros trabajos y vidas.

Y es que la incertidumbre nos enfrenta a una montaña rusa de emociones que nos confunden, afectando nuestra productividad, efectividad y capacidad de concentración, distrayéndonos de nuestro habitual entorno laboral, sea este la empresa, el mercado o los clientes.

La incertidumbre también nos resta flexibilidad, que es la capacidad para adaptarnos rápidamente a los cambios y a las nuevas realidades. Pero para actuar racionalmente y sin demora necesitamos información clara, honesta y directa.

Así, frente a situaciones que generan incertidumbre necesitamos líderes que se comuniquen frecuentemente y a través de muchos medios, repitiendo la información una y otra vez. Las personas necesitamos escuchar la verdad, aunque esta no sea necesariamente fácil de comunicar. Pero la verdad será en todo caso siempre mejor que los comentarios de quienes opinan sin saber todos los hechos, que hablan en función de sus propios miedos, generando rumores y chismes que agudizan la incertidumbre colectiva.

La incertidumbre también genera preocupaciones sobre nuestra empleabilidad. Este momento, como todo cambio, es una excelente oportunidad para mostrar flexibilidad. Aquellos que defienden el status quo o que no quieren dejar su zona de confort sabotean sin querer a la organización y obviamente a su carrera.

Vale la pena revisar nuestras actitudes de colaboración frente a los nuevos desafíos, buscando alinearnos claramente con jefes y equipos de trabajo. ¡El reto es identificar rápidamente los indicadores de éxito, individuales y comunes, necesarios para enfrentar la nueva situación, y cumplirlos!

Es el momento ideal para concentrarse en agregar más valor y, de ser posible, registrar los logros y avances de manera cuantitativa. También es sabio mantener muy vigentes nuestras redes de confianza con colaboradores internos y externos de todo nivel, evitando cualquier atisbo de arrogancia o complacencia, los grandes enemigos de la empleabilidad.

Las épocas de cambio e incertidumbre pueden dar grandes oportunidades de afianzar nuestras carreras y para eso nuestra inteligencia emocional, actitud y estilo de liderazgo serán claves. Focalizar nuestra atención en apoyar a nuestra gente actuando de manera clara y transparente evidenciará nuestro liderazgo. Nuestros colaboradores y subordinados siempre querrán saber qué hacer frente a la nueva realidad, cómo afectará su trabajo y de qué herramientas disponen para ser más efectivos. ¡Cuidar activamente la moral y confianza del equipo es vital para enfrentar las dificultades mientras regresamos a cielos más tranquilos!