23 de febrero del 2020 °C
Administra tu carrera y tu marca personal

¿Sabes hacia dónde va tu carrera?

El éxito no es gratuito. No es algo que nos llegue por suerte, aunque muchos hablen de ella, sino, más bien, por hacer bien las cosas, por ser justo y honesto con uno mismo y con el resto de personas, y por conocerse lo suficiente como para apostar por nuestras capacidades y ventajas competitivas. Seguramente sueñas con ser un exitoso empresario o profesional, pero ¿cuál es tu definición de éxito personal? ¿Qué estás haciendo para lograr ese éxito? ¿Sabes hacia dónde va tu carrera? ¿Has definido tus metas reales y las habilidades y pasos que necesitas para lograrlas? ¿Conoces tus fortalezas, debilidades y, lo más importante, lo que te gusta hacer con pasión? Seguir leyendo...

Lealtad y satisfacción

Un alto ejecutivo, al que estamos asesorando para replantear su carrera y continuar su vida profesional, cuestionaba ardientemente el tema de la lealtad profesional. Él, que fue recientemente despedido de la organización donde trabajó por más de una década, siempre asumió que su lealtad sería reconocida y premiada con seguridad laboral de por vida. Nunca pensó (ni nadie le sugirió que lo hiciera) en términos de contribución al resultado, ni valor agregado. Asistió a trabajar puntualmente todos esos años sin pensar demasiado en objetivos personales como su desarrollo personal o su red de contactos. Hoy, con pocas habilidades vigentes, sin experiencia en márketing personal y una red de contactos limitada, se siente traicionado y enojado. Seguir leyendo...

Te doy mi palabra

“Sí, me dijo, claro que recuerdo que les di mi palabra. ¿Cómo no lo voy a recordar? Sé también que me comprometí a pagar por esos servicios, pero nunca les firme un papel. Y así las cosas, ¿cómo esperas que le explique a mi jefe que voy a autorizar ese pago, si nada lo sustenta? Tú sabes cómo son las cosas, papelito manda” ¿Se imaginan lo que cualquiera puede sentir ante un comentario así? Enfaticé que la palabra empeñada vale tanto o más que cualquier documento escrito, que no existe excusa para no cumplirla y que faltarla es además faltarse a sí mismo, que la palabra de un ejecutivo compromete a la empresa y a su imagen. “¿Confías tanto en la palabra de tus clientes y te cumplen? -me dijo-. ¿En qué mundo vives? Imagino que dirás que trabajas con empresas serias y socialmente responsables. Así cualquiera. Lo que es nosotros, complicados como estamos, tenemos que cortar gastos por donde se pueda y dejar eso de los formalismos. La palabra y la responsabilidad social, para las vacas gordas”. ¿Diálogo surrealista? Sin duda. ¿Común? ¡Felizmente no! Seguir leyendo...