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Los errores que cometí

Foto: Antonio Martínez Los errores que yo cometí fueron tan costosos que hasta hoy trato de evitar que otros los cometan. Mi historia es como la de muchos. Frente a la sorpresiva noticia de que ya no habría cheque a fin de mes, entré en pánico. Casi no teníamos ahorros: estábamos remodelando la casa y la hipoteca era alta. Además, había que pagar tres colegios caros y yo no trabajaba. Guardábamos poco pan para mayo. ¿Para qué hacerlo? Éramos jóvenes, él estaba en el pico de su carrera, el cielo era el límite Me costó mucho aterrizar, manejar la rabia, la impotencia y la desesperanza. Todo se volvió muy confuso y la incertidumbre invadió nuestras vidas. Pedir trabajo a los amigos no funcionó y ellos dejaron de llamarnos. Tampoco ayudó repartir currículum por doquier. Irnos de viaje para "descansar" no sirvió de nada, el dolor viajó con nosotros. Justificar "nuestra situación" culpando a otros no alivió la vergüenza (a diferencia de hoy, hace 20 años estar sin trabajo era un estigma). Decidir no trabajar más para otros ("no me la vuelven a hacer") fue una reacción emocional costosa: sin un plan de negocio bien pensado fue como tirar el dinero por la ventana. Seguir leyendo...

¿Paga ser correcto en el trabajo?

Foto: Citizensheep “Todo se sabe”. Los dichos populares nos traen muchas veces las mejores reflexiones de vida. Algo tan cierto como que nada se oculta bajo el sol y que los profesionales vivimos de nuestra reputación. Todo se sabe. De eso no tengo duda. En el medio en el que nos desenvolvemos, tarde o temprano, las incorrecciones salen a flote, persiguiendo por mucho tiempo a quienes las cometieron. ¿Paga ser correcto y actuar éticamente? ¿Cumplir con la palabra dada nos trae retribuciones? ¡Definitivamente sí! Y, sobretodo, si uno ve su vida personal y profesional con una mirada integral, de corto y largo plazo. Los errores de ética nos perseguirán toda la vida. Y lo harán incluso cuando nosotros mismos podríamos haberlos olvidado… Seguir leyendo...

Las vueltas que da la vida

La experiencia me ha enseñado que la vida da muchas vueltas. La mía, como la de muchos, ha tenido toda clase de giros, algunos inesperados. Sin embargo, al mirarlos en retrospectiva, muchos de los más dolorosos resultaron ser, con el tiempo, oportunidades de crecimiento. He aprendido a aceptar que todo gira y cambia, siempre. Y creo que tener esa conciencia no me ha hecho más pesimista o temerosa, sino menos vulnerable. Hoy soy capaz de planificar y anticiparme a escenarios futuros. Estoy mejor preparada y, por ende, soy más optimista a todo nivel. Por ello me apena ver a personas que actúan como si no hubiera mañana, como si su posición de poder o estatus las volvieran inmunes a las vueltas inesperadas de la vida, incapaces de imaginar una realidad donde no tienen esa supuesta superioridad, actuando con una arrogancia que luego les pasa la factura. Seguir leyendo...