El mundo del trabajo está cambiando muy rápido. Lo vemos cada día en las noticias que nos cuentan de gigantes bancarios que tambalean o de grandes multinacionales que recortan miles de empleos. Perú parece que todavía seguirán creciendo algo este año, pero eso no significa que el panorama vaya a ser del todo fácil. La competencia por los mejores trabajos será cada vez más dura. ¿Está listo para competir?Lo primero que debe tener presente es que el mercado laboral está cada vez más exigente. Ninguna empresa, y hoy menos que nunca, nos va a mantener solo por ser trabajadores o leales. Nos tienen que considerar un recurso estratégico, uno que genera valor, claro y concreto, cada día de la semana. Por eso es clave saber bien cuál es el impacto de lo que hacemos en la vida de la empresa. Es decir, estar bien alineado con el jefe y con lo que espera de nuestro aporte concreto a los resultados del negocio, con la misión de la organización y sus estrategias. Y claro, contribuir activamente a ellos, sin excusas.

Como proveedores de servicios profesionales que somos, tenemos la obligación de garantizar que la calidad de nuestros servicios sea la más competitiva y por supuesto, ¡muy vigente!

Otro factor que debemos tener presente es que no existen indicadores “peruanos”. La regla con la que nos miden aquí, en términos de nuestros indicadores de gestión, son internacionales. Eso significa que no por estar en el Perú estamos protegidos de lo que pasa en el resto del mundo. Lamentablemente, hay todavía mucha gente que piensa que en el país no somos tan exigentes, que nos podemos dar el lujo de estar un poquito más atrás o de saber o dar un poquito menos. Eso, hoy más que nunca, es un error garrafal.

Es vital que seamos conscientes que todos estamos siendo medidos con la misma vara con la que nos pueden medir en cualquier otro país del mundo: sea Polonia, Estados Unidos, Alemania, Chile o Panamá. Por tanto, los niveles de autoexigencia y empleabilidad que entreguemos deben ser los mismos que en esos países. El mercado laboral no solamente lo demanda, sino que lo exige.

Muchas veces, esa falta de una perspectiva, de la visión de un mundo internacional, hace que muchos olviden que la competencia es despiadada y, lamentablemente, nadie, salvo nosotros mismos y nuestra capacidad para competir, puede protegernos.

Pero no basta solo con nuestro conocimiento. Debemos estar preparados en nuestras “competencias soft” o como se denomina a aquellas competencias que definen los rasgos de personalidad de un profesional. Se trata no solamente de aquellas competencias ya mencionadas, como la cultura de empleabilidad o la capacidad de liderazgo, sino también de habilidades para la comunicación, la negociación, la política organizacional, el manejo del cambio, el marketing personal, la ética, la flexibilidad, la capacidad de innovación y la responsabilidad social.

Definitivamente, las habilidades técnicas no son suficientes. Lo que hace la diferencia entre un profesional y otro es aquel bagaje de habilidades soft, de rasgos y competencias de personalidad y habilidades para la vida que tienen unos frente a otros.

Al final del día, las empresas mantendrán en su equipo o contratarán a aquellas personas que puedan hacer el trabajo, que están dispuestas a hacerlo y cuyos valores encajen y sumen a la organización.

Entonces, retomo la pregunta, ¿está listo para este mercado laboral más retador que nunca? Si su respuesta es sí, felicitaciones. Si cree que no, ¿qué espera para trabajar por su empleabilidad? Las condiciones laborales pueden cambiar con rapidez. No se demore.