El éxito no es gratuito. No es algo que nos llegue por suerte, aunque muchos hablen de ella, sino, más bien, por hacer bien las cosas, por ser justo y honesto con uno mismo y con el resto de personas, y por conocerse lo suficiente como para apostar por nuestras capacidades y ventajas competitivas.

Seguramente sueñas con ser un exitoso empresario o profesional, pero ¿cuál es tu definición de éxito personal? ¿Qué estás haciendo para lograr ese éxito? ¿Sabes hacia dónde va tu carrera? ¿Has definido tus metas reales y las habilidades y pasos que necesitas para lograrlas? ¿Conoces tus fortalezas, debilidades y, lo más importante, lo que te gusta hacer con pasión?¿Tienes ya las respuestas? Si no las tienes, es momento de empezar a responderlas, ayudándote así a trazar tu plan de carrera. Tener un plan de carrera es clave para definir tu nivel de empleabilidad en el mundo laboral. Para entender su importancia, imagina un barco en el puerto, abastecido y listo para partir. ¿No sería absurdo si el capitán y su barco partieran sin destino definido, navegando sin rumbo y sin saber a dónde se dirigen o cuándo acabará el viaje?

En el mundo laboral la seguridad viene exclusivamente de nuestra actitud frente al trabajo y de nuestro nivel de empleabilidad. No basta con ambicionar estar seguro: hay que ganarse esa seguridad cada día de la semana.

¿Cómo empezar? Pues alineando nuestra carrera con lo que amamos hacer. Como vimos hace poco, no hay triunfador que deteste hacer su trabajo o que no sepa lo que es importante para sí mismo, con una escala de valores claramente definida. Lo que acompaña al éxito es el entusiasmo, la pasión por cumplir las metas, la energía y la dirección.

Sucede que hoy, cuando las organizaciones líderes concentran sus esfuerzos en su negocio principal, enfocándose en competir en áreas donde pueden ganar, los profesionales exitosos definen su carrera en función de hacer aquello que gustan de hacer y hacen bien, alineando sus intereses y valores con los de la organización. Miden su éxito en función de logros, resultados finales, valores y ética, innovación y creatividad, crecimiento, ahorro, participación de mercado y, sobretodo, satisfacción del cliente. Los ejecutivos exitosos analizan con seriedad su carrera, sus fortalezas, sus debilidades, sus competencias ejecutivas y sus habilidades gerenciales y las mejoran permanentemente, asociando el éxito de su carrera al éxito de la organización donde trabajan.

Hoy por hoy, en un mercado laboral que sabe premiar al talento y la contribución al resultado, las empresas pagan por la contribución directa a resultados, en una relación en la que ambas partes conocen sus responsabilidades y en la que las expectativas son claras.

Seamos entonces honestos con nosotros mismos, no achaquemos a la “suerte” la responsabilidad de nuestras carreras. Asumamos la dirección de nuestro “barco” con objetivos claros y con un norte que nos lleve no solo al éxito profesional sino, lo que es más importante, a reconocernos como seres humanos exitosos.