Foto: Michelle Brea

Me encuentro muchas veces con jóvenes que ven el trabajo diario como un castigo. Se levantan cada día cansados y molestos, ven el trabajo como una carga, como un sacrificio, como un medio solo bueno para pagar las cuentas y afrontar las responsabilidades. Están de entrada tan hartos que muchas veces ya no ven su trabajo como una oportunidad de crecer, de aprender cosas nuevas. Menos aún, como una oportunidad de ser relevantes o importantes en lo que hacen: se sienten atrapados, en un callejón sin salida.

El trabajo puede y debe ser idealmente una fuente de realización personal. Sé que al leer esto muchos de ustedes deben estar pensando “es fácil para ella hablar así, tiene un trabajo que le gusta”, “en el Perú los trabajos no sobran y hoy menos que nunca”, “el resto tiene que aceptar lo que hay”, “yo no me puedo dar el lujo de buscar algo que me gusta y si buscara, no me lo darían a mí”; “en qué mundo vive esa señora”.

Luego de más de 16 años trabajando con miles de personas de todos los niveles y de muchos sectores, yo sí creo que todos podemos aspirar a darnos “ese lujo”.Creo que jóvenes y mayores nos debemos a nosotros mismos por lo menos tratar de obtenerlo. Y no solamente por razones económicas: igual hay gente muy infeliz ganando mucho dinero.

Se trata de una actitud hacia uno mismo y su futuro. Tampoco se trata de desperdiciar oportunidades, de abandonar todo y esperar que nos llegue el trabajo soñado, sino de no conformarnos con estar atrapados en esa infelicidad profesional y hacer algo al respecto. Se trata de enfocarnos en tratar de cumplir nuestros sueños laborales, de encontrar aquella ocupación que despierte nuestra pasión y que nos empuje a seguir creciendo y a desarrollarnos cada vez más como personas y como profesionales.

He visto muchísima gente que sí disfruta su trabajo. Creo que sí se puede tener placer en hacer un trabajo que nos gusta de verdad. Hace años, cuando estaba en la universidad, un profesor me dijo que “le gustaba tanto lo que hacía que no podía creer que encima le pagaran tanto por hacerlo”. Para mí, esa frase fue como un detonador: me di cuenta que eso era lo que yo quería para mi vida profesional y no paré hasta conseguirlo.

Debo confesarles que me tomó muchos años y mucho esfuerzo llegar a encontrar ese trabajo que me motivara tanto como para ir feliz a laborar. Es aquí donde se pone interesante mi reflexión: Esa motivación, esa pasión por hacer las cosas que me gustan y, además, tener la oportunidad de hacerlas de la mejor manera, fue para mí la llave del éxito.

Creo que solo aquellos apasionados con su trabajo son los que tienen éxito en él. Solo los que hacen sus cosas con pasión sobresalen. La pasión mueve montañas, es contagiosa, estimulante, integradora y, además, “vende bien”. Pónganse en el lugar del dueño de una empresa, ¿quién no quiere contratar a alguien que tiene una afinidad personal con sus temas, que hace su trabajo con placer, con dedicación, empeño y gusto personal? ¿Quién no quiere trabajar con una persona a la que le brillan las ojos de entusiasmo con los retos, con los temas, con la gente, que no va a trabajar solo porque no le queda de otra ya que tiene que pagar sus cuentas?

Miren a su alrededor, ¿han conocido alguna vez a algún ejecutivo, empresario, profesional, deportista, músico o artista exitoso que no disfrute intensamente de hacer lo suyo? ¡Creo que clave de ese éxito es la satisfacción que obtienen de hacerlo!

Los dejo con esta idea y los invito a por lo menos considerar la posibilidad de aspirar a tener un trabajo que los apasione. No abanden ese sueño. Si no están satisfechos, si su trabajo no los apasiona, no se den por vencidos.

Los invito a que se den la oportunidad de tratar de tener una ilusión por ir a trabajar. Puede que lograrlo les tome mucho tiempo, incluso les puede resultar una tarea cuesta arriba o parecerles casi imposible de lograr, pero les propongo no abandonar el sueño de la posibilidad de lograrlo y no darse por vencidos por adelantado sin haberlo siquiera considerado seriamente.

Les propongo no aceptar la derrota sin haber peleado. He visto a muchos animarse a pelear por ser feliz en el trabajo y lograrlo, aún cuando inicialmente lo creían improbable e incluso imposible. Como decía mi papá, si otros pueden, ¿por qué no podrías tú también?