La experiencia me ha enseñado que la vida da muchas vueltas. La mía, como la de muchos, ha tenido toda clase de giros, algunos inesperados. Sin embargo, al mirarlos en retrospectiva, muchos de los más dolorosos resultaron ser, con el tiempo, oportunidades de crecimiento.

He aprendido a aceptar que todo gira y cambia, siempre. Y creo que tener esa conciencia no me ha hecho más pesimista o temerosa, sino menos vulnerable.

Hoy soy capaz de planificar y anticiparme a escenarios futuros. Estoy mejor preparada y, por ende, soy más optimista a todo nivel. Por ello me apena ver a personas que actúan como si no hubiera mañana, como si su posición de poder o estatus las volvieran inmunes a las vueltas inesperadas de la vida, incapaces de imaginar una realidad donde no tienen esa supuesta superioridad, actuando con una arrogancia que luego les pasa la factura.Otros, en actitud cortoplacista, no aprecian o respetan a quienes hoy están en desventaja, complicados o quizá sin trabajo, sin darse cuenta de que mañana, cuando ellos tengan nuevamente posiciones relevantes, serán sus clientes o incluso sus superiores.

También veo con pena a las personas que hablan mal de sus ex jefes, anteriores empresas o colegas, sin pensar que con esa actitud están dañando sus propias reputaciones y su futuro. Todo se sabe siempre y luego los “rajones” terminan necesitando a los mismos a quienes trataron de dañar con sus comentarios.

He encontrado a muchos que olvidan que un día podrían encontrarse en medio de una transición laboral. No se mantienen vigentes ni competitivos, no cuidan su reputación, no hacen contactos, no contestan los correos ni ahorran para el futuro. Actúan como si ellos no tuvieran jamás que salir a competir por un trabajo.

Y, sin embargo, la vida da vueltas, incluso para los que generan los mejores resultados, agregan mucho valor y tienen los mejores contactos. Y es que así como ninguna empresa puede garantizar su propia supervivencia, tampoco nadie tiene un trabajo seguro a prueba de todo.

Pero para las personas bien preparadas, la vuelta por el desempleo termina, casi siempre, siendo un trampolín para mejores y más interesantes oportunidades. Recuerdo a un ejecutivo que en un coctel sintió temblar sus piernas cuando se le acercó un ex empleado. Temió que esta persona fuera a increparle su despido públicamente. Felizmente para él, cuando tuvo que dejarlo ir, lo hizo con respeto. Se encontró entonces parado frente a un profesional exitoso y sonriente que lo saludó con el respeto y la calidez de quien recibe a un invitado estimado.

¿Qué más me han enseñado las vueltas de la vida? Que las consecuencias de nuestros actos nos acompañarán mucho tiempo. Que mantenernos lúcidos ante los cambios ayuda a nuestra flexibilidad. Y que tratar a todos con respeto, en toda circunstancia, no solo es un acto de madurez y sabiduría, sino una excelente inversión para el futuro.