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“Todo se sabe”. Los dichos populares nos traen muchas veces las mejores reflexiones de vida. Algo tan cierto como que nada se oculta bajo el sol y que los profesionales vivimos de nuestra reputación.

Todo se sabe. De eso no tengo duda. En el medio en el que nos desenvolvemos, tarde o temprano, las incorrecciones salen a flote, persiguiendo por mucho tiempo a quienes las cometieron.

¿Paga ser correcto y actuar éticamente? ¿Cumplir con la palabra dada nos trae retribuciones? ¡Definitivamente sí! Y, sobretodo, si uno ve su vida personal y profesional con una mirada integral, de corto y largo plazo.

Los errores de ética nos perseguirán toda la vida. Y lo harán incluso cuando nosotros mismos podríamos haberlos olvidado…Por otro lado, creo que vivir pensando en el qué dirán, fingir para quedar bien con todos y tener un beneficio de eso, no es una respuesta. Todos conocemos personajes que se venden como palomas corteses e inofensivas, víctimas siempre de los líderes, de sus jefes o de sus competidores, pero que son capaces de sacar sus garras en ataques arteros cuando tienen la menor oportunidad. Esa no es la respuesta. Esas personas, tarde o temprano, son descubiertas en su mentira.

Hacer lo correcto, cumplir la palabra, actuar con honestidad, pensar en el bien ajeno, respetar al otro, parecen palabras del pasado, suenan casi aburridas, pero son la base de la integridad, la corrección y la reputación de una persona.

Sé que vivir practicando nuestros valores, más allá de lo que digan de nosotros, del “qué dirán” y de vivir pensando en “portarnos bien” por lo que otros puedan pensar, hace de nosotros mejores personas y profesionales más atractivos para el mercado. Y es que nuestro márketing personal es un reflejo de lo que somos y cómo nos vemos a nosotros mismos.

¿Se puede hacer negocios exitosos y ser honestos? Sí. ¿Ese éxito es duradero y vigente en el largo plazo? Sí. ¿Se puede ser poco ético o de “moral elástica” y tener éxito? Quizás. ¿Ese éxito será duradero a largo plazo? No.

¿Se puede trampear, hacer “criolladas”, jugar a “dos cachetes”, estar en negocios que tienen conflictos de interés entre ellos? Sí, pero no duran. Todo se sabe, todo rebota. ¿Puedo uno vincularse, hacer negocios o asociarse con personas poco éticas sin sufrir las consecuencias? No. Uno también se define por con quiénes escoge relacionarse….

Sé que muchos se preguntarán ¿cómo puedo reconocer a un profesional digno y ético? Pues, hágale la prueba del no. Es muy fácil reconocer a una persona ética cuando sabe decir que no a las tentaciones de la “ética elástica”, aún a costa de arriesgar su puesto o un negocio. Los profesionales serios sabemos decir no cuando corresponde y lo hacemos por nosotros mismos, por nuestra carrera y nuestra reputación, por nuestra empleabilidad y nuestro éxito, pero especialmente por nuestra propia conciencia. ¡Y para dormir bien cada noche!