Se acabó el año (¡tan rápido que me cuesta creerlo!) y recién tengo un minuto para parar, respirar hondo y hacer el balance entre las metas que escribí hace doce meses y lo que logré en el 2009.

Veo que no me ha ido tan mal en el cumplimiento, aunque hay varias cosas que regresan a la lista, reprogramadas para el 2010. Me toca seguir tratando, pero creo que ahora con más ganas y confianza, para no perderle el ritmo al país.

Tengo que hacer mi plan estratégico personal para el año que viene y para los cinco siguientes. También me toca revisar el de la siguiente década, aunque ese tendrá que esperar hasta después de mis vacaciones.

Estoy tratando de aplicar en mi vida lo que aprendí como “coach” de gente muy exitosa: quien más metas se impone más avanza.Y es que soy testigo de cómo estos líderes escriben sus objetivos, los revisan, los ajustan, conducen sus vidas con coherencia en función de ellos y se comprometen al esfuerzo adicional y a los sacrificios correspondientes.

Perseveran, se exigen, se ordenan, se adelantan a los hechos, se programan para cumplir con sus objetivos y, de hecho, los cumplen sin permitirse excusas. ¡Escriben su futuro con fe, con entusiasmo y con sana ambición, decididos a triunfar!

Sin embargo, estas actitudes no son siempre tan populares como podría suponerse: la mayoría de las personas piensa poco en sus metas, objetivos o sueños.

Van recibiendo lo que la vida les va trayendo y, cuando no les trae lo que quieren, se conforman como la zorra de La Fontaine u optan por culpar a su mala suerte.

Es más, cuando escuchan sobre los planes de otros los acusan de aburridos, de muy estructurados o de no dejarle a la vida la oportunidad de sorprenderlos. De hecho, hasta se burlan o desprecian a quienes planifican su vida y escriben sus metas y objetivos. Me hacen acordar a la cigarra que se ríe de la hormiguita trabajadora.

Por mi parte, este año en lo profesional me he propuesto seguir trabajando para que cada vez más peruanos sean más empleables. Obviamente, debo continuar “evangelizando” sobre el tema, aunque suene repetitivo.

Pero imagínese si todo peruano que trabaja para sí mismo o para otros estuviera muy preparado para competir en el mercado mundial, con una actitud de permanente actualización para mantener su vigencia y competitividad.

Imagínese si todo peruano tuviera plena conciencia de la necesidad de agregar valor y generar mejores resultados, con ética y responsabilidad social, o si más peruanos manejaran su vida profesional con la lucidez de quien maneja su mejor negocio propio, sean empresarios o dependientes.

Imagínese un país lleno de peruanos muy empleables y con visión para aspirar a ser y saber cada vez más. ¡Seríamos imparables! ¡Esta es mi meta para el próximo año… y el 2010 de hecho la hacemos!