El viaje en tren desde Berlín a Praga toma alrededor de 5 horas. Mis hijos duermen después de recibir el año en las frías pero animadas calles de esa increíble ciudad alemana. Siento que es el momento ideal para ordenar mis ideas sobre lo que quiero hacer este año, así que saco mi computadora y empiezo a pensar en mis cosas, ideas, planes. Mi hija, entre sueños, me mira –creo que con algo de pena– “¿trabajando el primer día del año, mamá?”. Le explico que no estoy trabajando, sino visualizando con gusto mi plan de vida. Mi explicación la manda de regreso al mundo de los sueños y yo me quedo con esa cálida sensación que llega cuando uno tiene varias horas para sí mismo sin que suenen los teléfonos ni nada nos interrumpa.

Días después, ya de regreso en Lima, le pido a un grupo de ejecutivos que dediquen unos minutos a recordar algún momento en sus vidas cuando se sintieron muy bien y muy exitosos. Mientras lo hacen veo aparecer sus sonrisas, se van relajando y animando. Luego les pido que imaginen y escriban sobre algún momento del futuro en el que se sentirían igual de contentos, plenos, satisfechos. Finamente, los animo a compartir con el grupo lo que han escrito, describiendo en tiempo presente y con mucho detalle aquellas circunstancias que los harían sentir exitosos y felices.

El ejercicio funciona bien y todos se van sintiendo más entusiasmados y empoderados, y van tomando conciencia de que hacer realidad sus objetivos empieza por imaginarlos, escribirlos y, por qué no, saborearlos por adelantado.

Usar sensaciones de bienestar anteriores para replicarlas en el futuro le da un giro importante al planteo de metas de vida y carrera, convirtiéndolo en algo más que una agotadora lista de esfuerzos pendientes (más ahorro, más logros, más contactos, más ejercicio, mejor dieta…). Esa sutil pero crítica variación permite construir el indispensable plan con más ganas y con mejores indicadores que midan los avances, haciéndolo no solo más completo y mejor balanceado, sino sobre todo, más real y alcanzable.

Esas plácidas horas en el tren dedicadas a mí misma me permitieron construir mi norte, ordenar mis prioridades y estar más alerta y consciente de que el 2011 trae riesgos, pero también muchas oportunidades. ¡Hoy estoy más preparada para alcanzarlas con ilusión, optimismo y fe!