En la misión de ayudar a recolocarse a personas que perdieron sus trabajos, pocas cosas son más frustrantes que chocar con la pared de los prejuiciosHablo de prejuicios que llevan a empresas modernas, muchas de ellas socialmente responsables, cuidadosas del clima laboral y por demás estrictas cumplidoras de leyes y normas, a decidir a priori que las personas son o no contratables dependiendo de su edad.

Es justo decir que cualquier organización tiene derecho a definir los perfiles de las personas que necesita contratar, y que la definición de esos perfiles muchas veces responde a criterios técnicos vinculados con la experiencia, habilidades y características estimadas para un mejor encaje con el equipo. Sin embargo, y siendo todo lo anterior válido, muchos procesos de selección de personal están condicionados por ideas preconcebidas sobre el probable éxito de una persona en el desempeño de su trabajo dependiendo de si tiene más de 40 años, más de 50 o de si todavía no tiene 30.

Y, así, las organizaciones establecen barreras discriminatorias a personas que pese a cumplir los requisitos, no cumplen la edad máxima o mínima (según sea el caso) establecida para la posición. Los prejuicios llevan a las empresas a no considerar siquiera entrevistar a personas fuera de la edad requerida, y esos prejuicios, como tales, no tienen ningún criterio técnico que los sustente.

Ciertamente cuando las personas no tienen el nivel de empleabilidad requerida o carecen de competencias relevantes, son esas mismas limitaciones las que las sacan de la competencia. Pero es grave que personas capaces, empleables y con gran disposición de aprendizaje sean discriminadas impunemente solo por su edad.

Cuántas veces hemos logrado tras mucha insistencia y apelando a estos argumentos que entrevisten a alguien ‘fuera de edad’, para que luego la descubrieran como la persona ideal para la posición.

Hago un llamado a reclutadores, expertos en recursos humanos y especialmente a la alta dirección de las organizaciones para que evalúen flexibilizar sus políticas de contratación y eliminar la discriminación por edad.

No desperdiciemos el talento que tanto se necesita en nuestro país en estos tiempos de crecimiento y también de gran incertidumbre, por mantener estos paradigmas restrictivos y limitantes.