Hoy todos hablan de inclusión y al hacerlo muchos piensan en los más pobres de las áreas más remotas de nuestro país. Enhorabuena el tema ha despertado un vivo interés por apoyar a quienes el desarrollo y crecimiento dejan de lado.

Pero si de inclusión se trata, pienso también en los trabajadores informales quienes no son protegidos por las normas laborales porque son invisibles para la ley. Nadie vela por ellos y, así, son excluidos del desarrollo y las oportunidades que el crecimiento trae.

A falta de un decidido esfuerzo multisectorial liderado por el Estado para facilitar e incentivar la formalización de cientos de miles de empresas, millones sufren silenciosamente del abuso de muchos de sus “empleadores”.

También pienso en quienes trabajan en empresas que, aunque formales, no cuentan con líderes conscientes de que la responsabilidad social empieza en casa, con sus propios trabajadores.

Empresas con gerentes y directores que, en vez de invertir tiempo, energía y dinero en asegurar el respeto, el desarrollo y la empleabilidad de su gente, delegan esa responsabilidad sin directivas claras más allá de reducir el gasto de personal. Y reaccionan solo cuando enfrentan problemas laborales o de productividad, clientes descontentos opinando en las redes sociales, pérdida de participación o la temida deserción de talentos.

Sin embargo, es reconfortante saber que también existe en el Perú un sector empresarial responsable y comprometido con las mejores prácticas de gestión ética, coherente entre lo que predica y lo que hace.

Líderes que comprenden la relación directa entre el éxito empresarial, los resultados del negocio y -obviamente- su reputación y el valor de sus marcas, con el genuino respeto a su personal y a todos los grupos de interés con los que su empresa se relaciona. Líderes que han definido ese compromiso estratégico, autoimpuesto y autorregulado como su mejor ventaja competitiva.

El reto es apoyar a que más empresas de todo tamaño y tipo se gestionen así, formal y éticamente, ayudando a generar un poderoso efecto multiplicador al demandar que sus proveedores, trabajadores e incluso clientes asuman un comportamiento coherente con la formalidad y la responsabilidad social. Será en beneficio de más peruanos y del país en su conjunto. En eso estamos.