¿Alguna vez te has quejado en la oficina por tu incapacidad para organizarte? ¿Has pregonado a los cuatro vientos que eres impuntual o irascible? Muchas veces sin siquiera ser concientes de ello, sembramos minas sobre nosotros mismo que podrían explotar en nuestra propia cara. Y tú, ¿sueles hablar mal de ti mismo?