Hace poco, en una conferencia se armó una discusión acalorada. Yo mencionaba -como siempre lo hago- que todos los trabajos son temporales y que una relación laboral puede durar muchos años o pocos meses, dependiendo de cuán satisfechos estemos ambos, nosotros y nuestro empleador/cliente, con sus términos y resultados. Y que, incluso si ambas partes están contentas, la relación puede terminar abruptamente por cientos de razones distintas a la calidad de los servicios que entregamos -llámelo desempeño- o con falta de lealtad de alguna de las partes. En resumen: El trabajo dura hasta que nos convenga a ambas partes a la vez.Lo que avivó el fuego de la discusión fue mencionar que el trabajo es una relación de negocios como cualquier otra -no es un tema de propiedad, ni de derechos de unos sobre otros- y tiene fecha de expiración, por lo que nos toca estar pensando siempre en nuestro siguiente trabajo.

Estos temas son muy obvios para quienes manejan sus carreras como sus mejores negocios propios, cuidando de elevar el valor de sus aportes y de su marca personal, pero no lo son tanto para otros.

Quizá sea porque muchas organizaciones no han invertido en desarrollar una cultura de empleabilidad, en la que todos sean conscientes de las inevitables realidades del mundo laboral, y por lo tanto, a muchos aún les cuesta aceptar su total responsabilidad sobre su carrera y todo lo que eso involucra.

Una cultura de empleabilidad es un cambio cultural importante que redefine los paradigmas, roles y responsabilidades de quienes trabajamos. Es un tema de modernidad, productividad y competitividad personal, organizacional y nacional. Es un tema pendiente en nuestro país.

A todos nos toca planear nuestro siguiente trabajo. No se trata de deslealtad ni de falta de compromiso, sino de un manejo estratégico y realista de la carrera. Idealmente, ese siguiente trabajo se dará en la organización/cliente que ahora tenemos, como positiva respuesta al valor cuantificable que agregamos, a nuestra buena actitud, a la ética con la que colaboramos y al desarrollo de nuestras habilidades y talentos.

Esa disposición a elevar nuestro nivel de empleabilidad nos convierte en el colaborador “ideal” y estratégico, siempre en la mira para mayores responsabilidades, retos y promociones, y en la lista de a quienes se busca retener.

Los jóvenes talentos la tienen muy clara. Peter Cappelli, autor de “Talento en demanda” y director del centro de RR.HH. de The Wharton School, encuestó a 1.500 estudiantes de MBA de las mejores escuelas de negocios del mundo sobre las características ideales para su siguiente empleador: el 42% dijo “que sea una buena referencia para mi carrera futura”.

Pero me entristece encontrar a muchos que trabajan sin rumbo. Dedican muchas horas del día a cumplir las metas que sus jefes les imponen, pero no tienen o no saben cómo hacer un plan de carrera personal con metas y estrategias claras.

Su legítimo deseo de superación se ve mermado por falta de un plan concreto, práctico y real para saber a dónde llegar, con qué nivel de esfuerzo y qué grado de ambición. Es también un pendiente en nuestra cultura.

¿Cómo acabó aquella discusión? Algunos salieron cabizbajos, pero otros empoderados y entusiasmados. Planear el futuro de nuestra carrera no es fácil, pero es la única manera de crearlo. Yo sigo apostando por la empleabilidad de los peruanos.

Conveniencia
En resumen: el trabajo dura hasta que nos convenga a ambas partes a la vez.

Plan
A todos nos toca planear nuestro siguiente trabajo. No se trata de deslealtad ni de falta de compromiso, sino de un manejo estratégico y realista de la carrera.