Hasta hace pocos meses los peruanos nos sentíamos casi invencibles. Nuestra economía crecía sin parar y se hablaba del milagro peruano. De todas partes venían a mirar cómo habíamos logrado años de crecimiento y reducción de muchos indicadores de pobreza. Incluso habíamos capeado la tormenta del 2008-2009 sin demasiados estragos, hazaña que muy pocos países en el mundo habían logradoNuestra autoestima nacional, redescubierta después de muchas décadas, nos generaba tal placer que andábamos con el pecho hinchado. ¡Qué orgullo ser peruano! ¡Qué maravilla vivir en un país milenario con inmensa riqueza y diversidad cultural y natural! ¡Un país que ganaba medallas y reconocimientos por doquier! Una nación valiosa con peruanos exitosos mundialmente en temas tan diversos como las letras, la cultura, la economía, los deportes, el turismo, la moda y la gastronomía, por supuesto.

El Perú se volvió un destino laboral y los peruanos que habían emigrado por décadas de pobreza y abandono regresaban felices de encontrar las oportunidades que el país les ofrecía. Nuestra atención estaba focalizada en todo lo maravilloso y único que el país tenía para ofrecer. El romance con lo nuestro era delicioso. ¡Por fin éramos un país exitoso y con gente de éxito! ¡Al Perú no lo paraba nadie!

¿Saben? Me duele en el alma escribir estas líneas en tiempo pasado, como si todo eso se hubiera acabado. ¡Y por supuesto que no es así! El Perú sigue creciendo con cifras sólidas y los peruanos estamos aprendiendo a enfrentar nuestros problemas y encontrar soluciones más humanas a muchos de nuestros males endémicos.

Seguimos avanzando y creando oportunidades a pesar de la mala onda y el pesimismo de algunos líderes cuyos discursos traen de vuelta muchas de las antiguas actitudes derrotistas del pasado.

No nos dejemos llevar por quienes tratan de hacernos mirar solo lo malo del Perú y están irresponsable e innecesariamente creando una situación de temor y negativismo (fundamentalmente por una enorme falta de visión) que impacta las expectativas, las percepciones y las actitudes de inversionistas y de la población en general.

En mi campo laboral, al que muchas personas llegan negativas y con problemas (léase sin trabajo) y se van llenos de posibilidades (nuevos trabajos o negocios propios) hemos aprendido que la actitud es fundamental para el éxito del proceso.

Por eso parte importante de nuestra tarea es ayudar a las personas a poner las cosas en perspectiva y a enfocarse en sus fortalezas, sus metas y posibilidades. A encontrar oportunidades en los desafíos. A sacarse de encima ese pesimismo que solo sirve para crear malas actitudes y negativismo que destruye la moral, la autoconfianza y cierra puertas en vez de abrirlas. A comprender que sus actitudes definen su percepción y su futuro.

Cerremos entonces las puertas al pesimismo pernicioso que solo genera profecías autocumplidas de incertidumbre, derrotismo y desilusión.

Protejamos esa actitud de país exitoso y orgulloso que aprendimos a disfrutar para el beneficio de la economía y el desarrollo y, por tanto, de todos. El Perú se convertirá en la visión que inspiremos a muchos a soñar.

Pongamos a nuestro país nuevamente en lo más alto, propiciando acciones e inversiones para que el país sea cada vez mejor, para todos, cada día. ¡Sigamos construyendo una profecía de éxito!