El otro día me voltearon el pastel. Yo que siempre ando entrevistando a personas por toda clase de razones, me enfrenté a una pregunta que no estaba lista a responder: de chica, ¿qué querías ser de grande?
Hacía tiempo que no pensaba en eso. ¿Qué quería ser de grande? Cuando lo recordé, me sentí enternecida por mi propia inocencia…
Aquí va: de chica, quería ser misionera. Me veía cuidando niños y personas en necesidad en las alturas del Perú. Enseñándoles cosas, compartiendo con ellos su vida y realidad. Creo que ese sueño se hizo mío gracias a una amiga que siempre me hablaba de ese proyecto… Y saben, con los años ella terminó haciéndolo realidad.
Yo no. Si bien la idea me seducía, pasó el tiempo y pensé en ser médico, como mi papá. Me veía en el hospital con los pacientes, ayudando a curar personas, haciendo cosas de relevancia, que dejaran legados y cambiaran la vida de muchos.
Sin embargo, con la adolescencia y las hormonas aparecieron otros intereses en mi vida; y esos sueños altruistas fueron haciéndose a un lado hasta quedar totalmente olvidados. Al final –como muchos- estudié la carrera que seguimos cuando no sabemos qué estudiar: Administración de Empresas.
Mis primeros trabajos me ayudaron a conocerme. A definir qué me gustaba y qué no. Me fascinó el marketing, me alejé de las finanzas. Y encontré recién a los 33 eso que me gustaba de verdad, y que hasta hoy me sigue apasionando.
Fue entonces que me tocó vivir situaciones familiares complicadas y dolorosas relacionadas con la falta de empleo. El que una empresa no actuase de manera socialmente responsable con la gente que despedía, me dio la pista. Esa situación me llevó a contactar a la compañía para la que trabajo ahora, y también a convencerlos de que yo era la persona indicada para abrir sus oficinas en el Perú.
Y saben, ahora que lo pienso, creo que mis proyectos de niñita no se perdieron del todo, pues si bien no se han cumplido literalmente, pienso que la esencia de esos sueños que rondaban tanto por mi cabeza se ha mantenido a lo largo de mi vida, cual hilo conductor.
Hoy me dedico a ayudar a gente de todo el país a recuperar el control de sus vidas cuando se quedan sin trabajo, cuando han perdido lo que consideraban la seguridad de sus vidas. Los ayudo a ponerse de pie y a mirar el futuro haciendo un plan que los ayude a retomar sus sueños y el control de sus carreras y de sus vidas. Los ayudo a convertirse en sus propias empresas.
Esa es mi vida ahora y desde hace 20 años. Mi sueño de hoy es hacer que otros peruanos –como yo- también cumplan los suyos. Y me siento muy bien haciéndolo… ¿Saben? Acabo de descubrir que estoy siendo leal con esa que era yo, de chiquita, hace ya más de mil años.