Hace un tiempo escribí sobre este mismo tema y con gusto recibí muchos comentarios de quienes se sintieron identificados con la frase. ¡Y es que es muy motivadora!

Yo la uso desde hace años. La uso para consolar y animar a quienes se sienten ignorados, poco reconocidos o valorados, rechazados o simplemente menospreciados injustamente por amigos, familia o gente en el trabajo. O para reconfortar a quienes son víctimas de chismes, calumnias, engaños, deslealtades, e incluso de abuso o traiciones en sus vidas profesionales o personales.

“No hay mejor venganza que el éxito”, les digo a todos mirándolos a los ojos y con una sonrisa cómplice.

“¿Es así? ¿El éxito puede servir también de venganza?”, me preguntan incrédulamente. “Sí”, les digo, y lo hago con la seriedad y honestidad de quien lo ha sentido y vivido en carne propia-¡y muchas veces!-.

Y sonriendo les cuento cuánto he usado esta frase para consolarme, inspirarme y fortalecerme en situaciones similares muchas veces.

Y es que me ha tocado, como a muchos, sufrir por las acciones o palabras de personas que han escogido usar toda su mala vibra para dañar o malherir, -sin lograr entender jamás a estos personajes sin alma que buscan hacer daño o destruir incluso a otros gratuita y muchas veces sorpresivamente, por deporte, envidias, rencillas o quién sabe qué complejos escondidos-. A veces, ese dolor también nos es causado por personas que torpemente nos ofenden o calumnian buscando rebajarnos al nivel de su propia pequeñez.

¿Pero saben? La frase funciona. ¡Nos hace sacar la garra y nos inspira! Y nos da una razón poderosa adicional para ponernos de pie, para subir el ánimo, recuperar nuestro buen espíritu y seguir adelante! ¡ Vengarnos teniendo éxito, síííí!

Pero, ojo, no es la parte de la venganza la que inspira o motiva. La venganza es en sí misma una emoción muy negativa y hasta destructiva que nos quita mucha energía. Lo que anima o moviliza es el mensaje de éxito. Es recordar que tenemos derecho para aspirar a tener éxito y que el éxito de hecho llega a ser parte de nuestro destino -aunque a veces demore en llegar-. Que sí podemos alcanzarlo y, sobre todo, que nos servirá también para luego mirar cara a cara al otro, de igual a igual, pero esta vez intrínsecamente mejor. ¡Mucho mejor!

Porque cuando empezamos a actuar ya encaminados con fe hacia nuestro éxito (definido muy personalmente y que muchas veces nada tiene que ver con lo material ni con lo que los demás estereotipan al respecto), nos damos nuestro lugar. Recuperamos nuestra dignidad y nuestra autoestima y aunque el camino sea largo, lo hacemos con ese brillo en los ojos y esa seguridad que vienen de sabernos capaces de triunfar por mérito propio. ¡Qué placer!

Entonces, bastará con mirar felices, satisfechos y sonrientes a quienes buscaron dañarnos, mentir o afectar nuestra imagen, reputación o autoestima, viviendo la inmensa satisfacción de haber conseguido nuestras metas y objetivos con trabajo serio y correcto, con integridad y profesionalismo y, sobre todo, cuando no lo creían posible ni lo esperaban. ¡Nada mejor que dedicarles una sonrisa completa (ignorando por completo la rabia que nuestro éxito les da) y seguir contentos con nuestra vida y nuestros planes, sin prestarles ni un minuto más de nuestra atención!

Sí, el éxito es un gran motivador y definitivamente la mejor venganza sana. ¡Y qué bien que se siente!

*FUNCIONA
La frase funciona. ¡Nos hace sacar la garra y nos inspira!

*SATISFACCIÓN
Bastará con mirar felices, satisfechos y sonrientes a quienes buscaron dañarnos, mentir o afectar nuestra imagen.