Alguna vez comenté que la primera vez que jugué Starcraft fue por el año 98, cuando recién apareció. Realmente me llamó la atención por lo intuitivo que resultaba y los gráficos que ofrecía. Me gustó mucho la campaña original, pero como en esa época no conocía muchas personas que también lo jugaran y no tenía Internet, no pude probarlo en multiplayer. Años más tarde lo volví a jugar por un tiempo, netamente en LANs y por Internet, e instantáneamente cobró un nuevo valor. Este fin de semana desempolvé el juego y reviví lo que era jugar Starcraft.

Decidí volver a jugar Starcraft debido a que hace unas semanas fui a una cabina con unos amigos y estuvo entre los juegos de esa tarde. Aún recordaba las estrategias y los “hotkeys” de los Terran y al menos sobreviví hasta el final, cuando decidimos terminar la partida porque uno de nuestros amigos había sido eliminado rápidamente con uno de los conocidos “rush” de los Zerg. Ahí me enteré que ellos seguían jugando Starcraft por Internet con un servicio llamado Garena. Este permitía enlazar las PC a través de una LAN virtual y jugar como si se estuviera en una cabina. Volví a instalar el juego, la expansión y a bajarme el último patch que Blizzard sacó en enero (el 1.6.1). Instalé también Garena, me creé una cuenta y en minutos ya estaba jugando con ellos nuevamente. 

Nunca me terminé la campaña de Starcraft, y tampoco la de su expansión. Es por eso que esta vez que reinstalé el juego decidí probar de nuevo el modo para un jugador. Ya no me acordaba de las intrincadas historias que conectaban a personajes como Jim Raynor, Tassadar, o Kerrigan. Es más, creo que ni siquiera leía las conversaciones previas a las misiones. Solo quería jugar y completar los objetivos. Ahora todo cobraba un significado distinto.
Otro suceso que me motivó a volver a jugar Starcraft fue la final de la WCG del año pasado, en donde la estrella del campeonato fue Starcraft, por encima de Fifa y Warcraft. Era impresionante la atención que acaparó la final y que demostraba la importancia de este juego para la comunidad. Además, la posibilidad de estar al lado de los finalistas mientras tecleaban a mil por hora y comandaban a sus tropas era algo que para cualquier ex jugador resultaba increíble. 
No todos pueden ser buenos en Starcraft. Al ser un juego de estrategia y de rapidez mental hace falta tener mucha concentración y ser ágil para realizar los movimientos tanto con el mouse como con el teclado. Asimismo, se necesitan muchas horas de práctica contra otros contrincantes y observar repeticiones de los mejores encuentros para conocer las estrategias utilizadas. Hace unos meses salió la noticia de que en la Universidad de California, en Berkeley, abrieron un curso sobre Starcraft. En él se relaciona el juego con disciplinas matemáticas e históricas, además de brindar estrategias básicas.
Volviendo al juego con mis amigos a través de Garena, pues esta vez el que perdió rápido fui yo. Traté de hacer un “rush” con los Protoss construyendo un Gateway (el lugar donde se crean las unidades terrestres de combate) cerca a la base de uno de los jugadores, pero se dio cuenta y, además de destruirlo, fue a mi desprotegida base y arrasó con todo. Creo que Starcraft será mi juego de estrategia en lo que resta del año, a menos que la salida de Starcraft 2 nos sorprenda a todos pronto.
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