Estos días he venido escuchando algunas cosas nuevas y que se me habían quedado esperando en el tintero. Ahora en plena “asimilación” es bueno hablar de ellas.

El thrash metal aparentemente aún gozará de muy buena salud por bastantes años más. Al menos si nos guiamos por lo que siguen editando las bandas consagradas de este género. En primer lugar, como suele suceder al menos conmigo, Destruction vuelve a dar una lección de buen thrash metal. El Day of Reckoning está fabuloso. Es el sonido típico de Destruction pero más acelerado. Desde su retorno en 1999, Esta banda nos ha tenido pendientes de cada lanzamiento. No todos han sido de calidad superlativa, pero le debemos el “The Antichrist”, y si hay algún clásico del thrash metal contemporáneo es este sin lugar a dudas.

Luego el “Metal Discharge” decepcionó un poco pues era algo repetitivo, pero el “The Antichrist” era tan bueno que se lo perdonamos. Después el “Inventor of Evil” nos impactó con violencia, otro gran disco (con un himno panmetálico en el que aparecía gente como Paul Dianno, Doro Pesch o Mark Osegueda). Luego el “D.E.V.O.L.U.T.I.O.N.”, que fue muy criticado pero que a mí me gustó bastante, servía como para aguantar la espera de algo realmente sorprendente. Bueno, acá está, “Day of reckoning” es más que una renovación de la esperanza en esta banda. Es una garantía de que hay thrash como para diez años más, y es que no se han contentado con hacer lo de siempre, simple y directo, sino que hay una progresión evidente en el trabajo a nivel melódico, sobre todo en guitarras, así como un deseo de hacer aventuras con las partes rítmicas. Es como un The Antichrist más ambicioso, claro, por eso mismo no es un disco redondo, pero es muy bueno.

La agresividad de la voz de Schmier, tercamente anclada en el estilo clásico es una sierra vocal que va puliendo las difíciles aristas que la parte musical entrega en cada tema. Incluso los coros son afiladísimos. A nivel lírico, estamos ante las casi nihilistas ideas de siempre, la profunda desconfianza en los demás, la incapacidad de poder sentirte seguro con los que te rodean, debido a su intrínseca debilidad y egoísmo, aparece en casi todos los tracks: lo mejor del thrash, la desesperanza extrema imbuida de cinismo existencial. Temas a destacar: “The Price” (sobre todo el repentino paso a los acordes rítmicos), “Hate is my Fuel”, “Armageddonizer” y “Church of Disgust”.

“Sodom” viene por partida doble, tenemos el “Lords of Depravity vol. II”, que resulta una continuación del vol I presentado en el 2005. En aquella ocasión nos trajeron un interesantísimo documental que en su primera parte no se limita al origen de la banda, sino que desarrolla el del origen del movimiento thrash en Alemania (la verdad hace falta un documento fílmico de calidad sobre todo ese periodo, el “Get Thrashed” solo se centra en la escena de USA, particularmente en la de la Bay Aerea. Es bueno, pero demasiado parcializado), se aprendía mucho de ese documental. Los entretelones de la formación de Sodom, las vicisitudes de los cambios de alineación, los conflictos sobre todo con Chris Witchunter (RIP), mucho material antiguo, no aburría a pesar de durar casi tres horas. Abarcaba la historia de Sodom hasta 1995.

En el otro DVD venía un concierto en Sofía del 2005 que estaba muy bueno (aunque hubiese sido deseable y más coherente un concierto más antiguo). La actual entrega de este segundo volumen, que cubre desde 1995 hasta el 2005 no es igual de interesante, creo que por tratar de emular la duración e impacto del primer volumen han tratado de exprimir la historia de Sodom en estos últimos 10 años, pero la verdad es que no hay tanto que contar. La alineación desde 1997 hasta ahora apenas y ha cambiado, ya pasó la efervescencia de la formación del thrash metal y de la banda, el documental se transforma en una crónica de la cotidianeidad del metal, no está mal, pero ahora sí aburre un poco. Hay bastante material sobre Onkel Tom, el proyecto medio en broma, medio en serio de Angelripper, pero por acá la verdad es que no se supo mucho de eso. El DVD del concierto, que es del Wacken del 2007, sí está genial y me gusta más que el del primer volumen. Recomiendo este lanzamiento solo a los fans de Sodom, el resto no le encontrará mucha sustancia. Claro que esto era un preámbulo y una deuda en realidad con los fans a saldarse antes de su último disco, el “In War and Pieces”, que vuelve a la temática bélica, por lo menos en parte.

Estamos ante un disco sólido, maduro, que se aleja de algunas tendencias tradicionales de la banda al introducir más aspectos melódicos, pero que también se pinta lejos de los intentos modernizantes del anterior, homónimo de la banda, “Sodom” (2007), en el que había momentos en los que no reconocías su típico sonido. La voz de Angelripper se centra en tonos más agudos que en graves, las tendencias cuasi death que han animado algunos de sus discos clásicos solo aparecen ocasionalmente. Más bien es la impronta hardcoriana la que se convierte en protagonista, aunque a nivel de guitarras es más deudor con el heavy metal. Siento en ambos discos la influencia del Artillery actual, que ha reaparecido con fuerza en los últimos años. En fin un disco recomendable. Hay que darle batalla. Temas a recomendar: “Trhough Toxic Veins”, “Hellfire”, y “God Bless You”.

Para finalizar, y a propósito con lo que se viene en estos días, tenemos a Forbidden con su esperadísimo retorno: “Omega Wave”. Disco notable y ambicioso por cierto, luego de dos clásicos como fueron ” Forbidden Evil” y “Twisted into Form”, y dos discos casi impresentables: “Distortion” y “Green”. Lo que tenemos acá pudo convertirse con facilidad en un disco de transacción entre ambos periodos, y algo de eso hay, pero se puede decir que lo clásico ha vencido a lo moderno en cuanto a composición, salvo por algunas estructuras rítmicas que se dejan sentir en varios pasajes a lo largo del disco y que tienen inspiración noventera.

La mayor parte del tiempo estamos frente a un disco de thrash metal auténtico, que logra desarrollar influencias que seguramente siempre tuvieron, pero que no se habían exteriorizado anteriormente, por ejemplo en “Adapt or Die” hay una huella de Antrhax que nunca había percibido en la banda, pero ahí está. En otros momentos progresan sobre las líneas del “Twisted into Form”, sobre todo de sus dos temas iniciales. En otros ensayan acordes novedosos para ellos como en “Hopenosis”, y en otros la odiosa huella de los 90 se deja sentir demasiado, como en “Swine”, que parece estar influida por patrones del rock alternativo más convencional (¿aunque hubo algo no convencional en semejante movimiento?). La voz de Russ Anderson, uno de los patrimonios de la banda, se ha mantenido firme y clara pese a los años y eso le da identidad y personalidad propia a la banda. Al final es un disco que permite seguir creyendo y valió la pena el retorno (y la espera) para grabarlo. Recomiendo todos los temas, menos “Swine”.

Al parecer estas bandas están probando la vía thrash metal melodía y les está funcionando por ahora. Son discos muy buenos y se ponen a la vanguardia de este género, que en sus actuales jóvenes exponentes (Violator, Bonded by Blood, Riotor, etc) se focalizan más en el thrash duro y directo. La vía ensayada por Anger as Art, al parecer, sigue siendo la menos transitada. Al final lo que importa es que sigan haciendo buena música y en eso están cumpliendo. Ojalá tengamos pronto a Sodom y a Destruction de regreso. El de Forbidden es en solo unos días.